Nadie Te Avisó Del Hostión Que Te Da La Vida Adulta Cuando Llega

Crecer es un camino que no sabes realmente a dónde lleva. Muchas veces se tiene la idea de que es una especie de objetivo vital, como si estuviéramos hechos para alcanzar la madurez y quedarnos ahí, estáticos y quietos hasta que nos llegue la hora de morir. Para unos cuantos es llevar un modelo de vida del que nuestros padres han sido referentes, para otros tantos es llegar a ser algo sin tener muy claro qué es ese algo. Pero nadie te cuenta la hostia que te da la vida al despertarte de lo que ha sido tu infancia.

Ser adulto es tener unas expectativas con las que cada uno de nosotros nos hemos criado. Cuando seas mayor podrás hacerlo. Cuando seas mayor y tengas tu casa podrás decidir lo que quieras. Lo que tú quieras. Así una se predispone y espera con ansias cumplir una edad; la que te permita comerte el mundo y dar caza a los sueños. Para Victoria, sus 17 años fueron el comienzo de su autonomía: ese esperado momento en el que podía comenzar a perseguir la meta, ese propósito en abstracto de ser adulto. Para ella era decidir por sí misma y por eso se fue a Madrid desde su País Vasco natal a ser lo que quería: actriz.

Y Victoria es la protagonista de la primera novela de Lucía Baskaran, Partir, pero podríamos ser cualquiera. Narrada en una primera persona descarada y directa, la autora desgrana con lucidez lo que simboliza para Victoria crecer desde su yo adolescente: encontrarse, equivocarse, estrellarse, levantarse y al final, ser consciente de una misma y de la mierda que le rodea al llegar a sus 24 años. Es en ese momento en el que se puede considerar madura, una madurez agria que no sabe cómo soportar. Bien pensado ¿quién sabe afrontarla? ¿cómo enfrentar la vida tras un desengaño tan escabroso, tan aparatoso?

Lucía cuenta a través de Victoria una de esas historias que nos son cercanas. Nos suenan demasiado porque recoge uno de los relatos de toda una generación y al que nos asomamos cada día más jóvenes. Descubrimos que la libertad no existe cuando sales de casa de tus padres y que lo único que haces es asumir una serie de responsabilidades para las que no estás preparado. Que tienes 24 y sigues igual que cuando tenías 16. Y es ahí, en ese preciso momento cuando nos descubrimos solos, inseguros.

La complejidad de la protagonista se proyecta desde un pasado y un presente en el que sobrevive a sus heridas. El humor, la brutal sinceridad y la tristeza recorren las páginas de Partir con una Victoria que se busca a sí misma a través de un mar de contradicciones en el que debe desaprender todo lo que creía saber, sobreponerse a la culpa, hasta llegar a reconocerse en su propia vulnerabilidad.

El éxito de la novela ha conseguido que encontremos en las librerías una segunda edición de la mano de Expediciones Polares, que ha cuidado hasta el más mínimo detalle del libro. Han conseguido que su lectura sea también una gozada al sentido del tacto. Y se agradece, porque sus páginas escuecen, saben a verdad, a sexo, a autoconciencia, a rupturas y sobretodo al amargor de las victorias que no cumplen las expectativas marcadas.

Porque ser adulto duele. Es darse un hostión gordo del que después no sabes cómo reponerte. ¿Cómo ubicarte después de que tu mapa, tu hoja de ruta se rompa en mil pedazos? Recogiendo los pedazos, dándoles un nuevo sentido, aceptando la incertidumbre y que las cicatrices sigan picando el resto de tu vida.

Crédito de la imagen: Ibai Acevedo