El Arte De Hacer Series. Un Resumen Que Necesitas Saber De Los Emmys

Nadie puede negar que las series están en alza. Lo que durante años se ha considerado el hermano pequeño del cine empieza a brillar con luz propia, y pocos son los jóvenes que no están “enganchados” a alguna de ellas. La variedad es tan amplia como los géneros, y las productoras cada vez invierten más dinero en mejorar la calidad de lo que empieza a resultar bastante rentable. Las ventajas de Internet frente a la televisión han permitido que el seguimiento sea masivo en todo el mundo, que puedas ver lo que quieras cuando quieras, sin cortes publicitarios, y no precisamente tirando de la piratería (son muchos los canales que suben los episodios a la red de forma gratuita). Por eso, no es de extrañar que galas como Los Emmys cada vez tengan una mayor relevancia en el mundo del espectáculo y en el artístico.

Sí, habéis leído bien, artístico. Lo que antes se definía como puro entretenimiento, hoy, con una mayor audiencia, seguridad y recursos, apuesta por experimentar e introducir novedades que se salgan de lo convencional y aspiren a transmitir un mensaje que deje huella en los muros de la cultura universal. Por eso, en el lugar donde se fabrican las más exitosas, Estados Unidos, el martes, Breaking Bad se erigió como soberbia vencedora. Porque hay algo que está cambiando; porque hay algo que estamos cambiando.

La metamorfosis viene produciéndose desde hace ya algún tiempo, desde que Tony Soprano empezara a delinquir por Nueva Jersey y el vuelo 815 de Oceanic se estrellara en una isla del Pacífico, dejando a sus pasajeros, y a nosotros, un tanto Perdidos. Desde que Friends fundara escuela en la comedia estadounidense y House sentara las bases de cómo se debe crear un personaje. Y hoy, tras la gala de 2014, la primera celebrada un lunes y con una crítica más o menos favorable, podemos decir que las series, o buena parte de ellas, son de calidad.

En su última temporada, Breaking Bad se llevó el premio al mejor actor protagonista en drama (Bryan Cranston), así como los mejores actores de reparto (Anna Gunn y Aaron Paul). A ello, se le sumaron los premios de mejor guion y serie dramática, a pesar de que competía con series de la talla de Juego de tronos, True detective, House of Cards, Mad men y la británica Downton Abbey. Y es que, con semejantes contrincantes, cada año la cosa se vuelve más reñida y la elección del ganador más difícil.

En comedia, en cambio, la victoria vino para Modern family, que no solo se llevó el Emmy a la mejor serie de su género, sino también el de dirección, por el capítulo “Las Vegas”, así como el de mejor actor de reparto por el inigualable Ty Burrell (Te queremos, Phil). Los mejores actores protagonistas en esta categoría fueron Jim Parsons, el Sheldon de The Big Bang Theory, y Julia Louis-Dreyfus por Veep.

En las miniseries las vencedoras fueron las que más apostaron por la elegancia. Tanto la tercera temporada de Sherlock, como la de American Horror Story (Coven), se repartieron los mejores actores. Sherlock se llevó el mejor protagonista y el secundario masculinos (Benedict Cumberbatch y Martin freeman), y American Horror Story los femeninos (Jessica Lange y Kathy Bates). Sin embargo, fue Fargo la que recogió el máximo reconocimiento al ser elegida como la mejor miniserie.

El pabellón ha quedado bien alto. Ahora solo queda esperar la llegada de nuevos experimentos y que las temporadas siguientes de las series aún en emisión no pierdan la calidad a la que nos tienen acostumbrados. Porque ya es hora de que la televisión cambie, deje de encasillarse en seguir “lo que vende” y prueben a hacer arte, que es para lo que los hermanos Lumière inventaron el cinematógrafo.