Lo que aprendí llevando a mi cuerpo al límite en la Spartan Race de Barcelona

Es superación, determinación, riesgo. Es locura. El espíritu espartano son muchas cosas. Es una actitud que te lleva a conseguir que ningún obstáculo sea lo suficientemente grande como para hacerte caer. Que te lleva a lograr que ningún impedimento te ponga freno. Que impide a cualquier traba su capacidad de hacerte desistir. Porque la mejor manera de crecer es ponerte delante de una dificultad y vencerla con esfuerzo. Ese es el espíritu de la Spartan Race, la carrera de obstáculos más importante del mundo. Y así fue mi experiencia en la de Barcelona.

Bajo un sol de más de 30 grados y enfrentando una combinación perfecta de los elementos. Tierra, aire, fuego y agua mezclados para ponerte al límite de tus capacidades. Los obstáculos de fuerza se alternan con los de resistencia, los de habilidad, los de velocidad y, también, con los obstáculos mentales. Porque las ganas de abandonar, de arrojar la toalla, te asaltan cuando te plantas frente a un alto muro que debes escalar, frente a la gran masa de barro que debes atravesar a gatas para no engancharte con los alambres o frente al enorme neumático que tienes que arrastrar usando una pesada soga. Pero algo dentro de ti te dice que el ánimo de superarte, la satisfacción de cumplir tu objetivo, es mucho más poderosa que la pesadez de tus cansadas piernas.

Los frenos mentales llegan cuando tienes que jugar con lo inesperado. Porque no sabes cuál va a ser la siguiente prueba hasta que no te topas con ella. Todo es una sorpresa y para todas debes estar preparado, armado de fuerza y resistencia, con ímpetu para pasar a la siguiente. Recorrer una explanada cargando un pesado saco a la espalda, lanzar una jabalina, trepar con una cuerda con la única ayuda de tus manos, levantar una pesada ropa, trepar una pared. Cualquier cosa es posible. Incluso el recurso para sustituir esas pruebas insalvables es complicado: si tu cuerpo realmente no puede hacer algo concreto, puedes optar por sustituir ese obstáculo por una penalización de 30 burpees, es decir, 30 flexiones seguidas de un salto.

Y todos esos ingredientes configuran la mejor prueba a la que uno puede enfrentarse. Afrontar a trabas diferentes y sacar fuerzas de donde pensabas que ya no te quedaban para seguir adelante. Buscar en tu interior, en tu espíritu espartano, la furia necesaria para continuar a pesar del abrasante calor, del denso barro y de las espinadas cuestas.

La Spartan Race tiene tres modalidades diferentes. La Sprint alterna unos 20 obstáculos a lo largo de 5 kilómetros; la Super tiene hasta 29 en 13 kilómetros y la Beast, la más dura, salpica sus 23 kilómetros de recorrido con hasta 35 pruebas. Los corredores más hábiles llegan a disputar las tres en menos de un año, erigiéndose con el título de la Trifecta, el mayor reconocimiento de la Spartan. A la del pasado fin de semana en Barcelona le seguirán ahora la Sprint y la Super de Bilbao el 24 de junio, cuando otros cientos de personas pondrán al límite sus capacidades físicas y mentales. El momento en el que todos darán rienda suelta a su espíritu espartano.