El Amor No Tiene Límites, Aunque Tu Esposa Sea De Silicona

A veces se dice del amor que todo lo puede, y a todo el mundo le parece bien. Que no hay fronteras, que no tiene edad ni entiende de razas, etnias o estatus sociales. Del amor se dicen muchas cosas.

La mayoría de veces, sin embargo, esas cosas se dicen desde fuera. Opinamos desde lo hipotético y desde la normalidad de lo que hemos vivido. Porque nuestras relaciones no siempre son dignas de hacer películas de Hollywood, todo sea dicho. Sabes que a tu familia no le encantaría que lo dejaras todo para irte con un don nadie, pero, oye, qué bonito luchar por lo que te dicta el corazón. Así que sobre la libertad de amar a quien te dé la real gana se hacen comentarios en cenas, se escriben tuits y estados y de repente todos nadamos en tolerancia, respeto y activismo en pro del amor libre. Qué hippies somos.

Pero, para ver qué nivel de verdad hay en esos comentarios, quizás nos hiciera falta una prueba, una bofetada de amor 2.0. Hagámosla y tratemos de no juzgar esto: Dirk es un hombre normal, que está casado con Jenny, una mujer de pechos grandes y labios carnosos. Un dato tímido: Jenny le costó a Dirk 6000€, pero no porque fuera una mujer de gustos caros, sino porque está hecha de silicona. No lleva alianza porque sus dedos eran demasiado gruesos, pero sí un colgante en forma de corazón como símbolo de amor eterno. Se casaron al ritmo de Such a Woman de Neil Young.

sandra hoyn codigo nuevo

Sandra Hoyn es la fotógrafa que deja constancia de la historia de amor secreta que tituló Jenny's Soul. A través de un foro contactó con Dirk —su nombre ficticio para esta serie—, quien finalmente accedió a exponer por primera vez lo que tan probablemente el mundo iba a juzgar de antinatural e incluso de desviado, de perturbado. Los domingos, Dirk baña a Jenny y le limpia sus pelucas y sus delicadas piezas de lencería. Escriben un blog juntos y viven su matrimonio de forma habitualmente tranquila, en la discreción de las cuatro paredes de su apartamento. Porque ni siquiera su familia conoce su circunstancia, y es por eso por lo que Jenny es delicadamente aparcada en un cuarto a oscuras de su hogar, cuando su marido recibe las visitas de familiares y amigos. 

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Lo suyo es un matrimonio bastante normal. Su pequeño ritual diario es sentarse en el sofá a las 18h a ver la televisión y, según Dirk, su vida sexual no es ya tan explosiva tras los años. Su cuerpo no es ya tan perfecto: la piel empieza a saltar. "Jenny tiene un alma de otro mundo. Jenny es una energía de un mundo sin los cerebros y sentidos de aquí". Pesa unos 50kg y Dirk la transporta por el apartamento con una silla de ruedas.

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Esta clase de inclinaciones se conocen como objetofilias, de la familia de las parafilias, por ese maravilloso gusto que tenemos para etiquetar las cosas ajenas. Porque, lo queramos o no, lo quiera Dirk o no, Jenny es un objeto. Jenny no le devuelve las caricias y no le da un beso por las mañanas. Jenny no puede ser una esposa espontánea, porque es una muñeca de silicona. Jenny no es una persona, no-es-una-persona. Pero eso no quiere decir que Dirk no pueda casarse con ella, bañarla los domingos y lavarle su lencería como si de obras de arte se tratase. ¿Quién tiene licencia para prohibírselo?

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Así que dejemos a Dirk vivir el amor y la sexualidad como más le apetezca. En primer lugar, porque el vicio es aquí más bien nuestro por juzgar, que el suyo por amar. Y, en segundo lugar, porque ya se sabe, nunca digas de esta agua no beberé o este cura no es mi padre. 

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