Amanda Knox, ¿Una Psicópata Con Cara Angelical O Víctima De Un Crimen Que No Cometió?

En 2007, una estudiante de Erasmus británica fue encontrada asesinada en su piso compartido de Perugia (Italia), degollada y semidesnuda. Se llamaba Meredith Kercher y tenía 21 años. El crimen había sucedido la noche del 1 de noviembre: Kercher había sido violada y había recibido más de cuarenta puñaladas. Unos días después, arrestaron a su compañera de piso, Amanda Knox, y a la pareja sentimental de ésta, Raffaelle Sollecito, como los principales sospechosos del crimen. Así comenzó un caso extremadamente mediático del que Netflix ha preparado un documental.

El año pasado, Amanda Knox fue absuelta por el Tribunal Supremo de Italia después de la tercera reapertura del caso. En sus primeras declaraciones de 2007, Knox aseguró haber pasado toda esa noche con Sollecito y acusó a Lumumba, el jefe del bar donde había trabajado, de ser el culpable del asesinato. A Lumumba lo soltaron poco después, ya que varios testigos lo habían visto trabajando esa noche en su bar. Amanda fue condenada a tres años de cárcel por difamación. Ahí empezó el revuelo: por una parte, Lumumba aseguró que había despedido a Knox porque tenía conductas indecentes con la clientela y abrió, así, las dudas sobre el tipo de persona que era; por otra, ella defendió haber dado una declaración falsa debido al estrés, ya que durante el interrogatorio, además de estar agotada y muy asustada, la policía la golpeó en la cabeza.

Se capturó a un tercer sospechoso, Rudy Guede, un viajero originario de Costa de Marfil, que era amigo de la pareja. Su ADN se había encontrado en un cultivo vaginal realizado a Kercher. Él admitió haberse acostado con ella, pero defendió que otra persona la mató mientras él estaba en el baño. A raíz de estas declaraciones, se encarceló a Guede y se realizó la primera reconstrucción de los hechos. Según estos, Knox y Sollecito obligaron a Kercher a realizar un juego sexual violento con Guede, amenazándola con cuchillos y, a causa de las drogas que habían consumido, acabaron matándola. El degollamiento, supuestamente, lo hizo Knox.

La pareja lo negó y, aunque se encontró uno de los cuchillos, las pruebas de ADN no fueron concluyentes. Acabaron absueltos. 

El documental de Netflix da cuenta de las dos versiones de esta historia. En una de ellas, Amanda Knox es una psicópata escondida detrás de una cara angelical. Es una asesina que ha sido absuelta debido a que es una americana adinerada y, más que un caso de justicia civil, su proceso tiene que ver con la política internacional: una especie de duelo entre la justicia americana y la italiana.

En la otra versión, Amanda Knox es una estudiante normal y corriente a cuya compañera de piso asesinaron y que ha cargado con la culpa de un crimen que no cometió a lo largo de los últimos nueve años. Se le ha acusado, no por tener pruebas, sino porque los medios airearon su vida privada y la condenaron por experimentar con las drogas y por practicar sexo con muchas personas. De hecho, se llegó a publicar una lista de todas las personas con las que se había acostado.

El 30 de septiembre se estrenó el documental que se hace esta pregunta: ¿es Amanda Knox un monstruo o una víctima?