El nuevo álbum de Lorde es la mejor guía para afrontar una ruptura

Hace cinco años conocimos a la neocelandesa de 16 años que hizo temblar el mundo entero con su Royals y Pure Heroine. Ni siquiera David Bowie, quien vio en ella “el futuro de la música”, pudo escapar de su voz. Ahora, Lorde, ha vuelto con Melodrama, su nuevo trabajo y segundo álbum de estudio. Con 20 años y con una ruptura que le ha cambiado la vida, vuelve a hacernos un nudo en la garganta con su voz y nos enseña la manera con la que ella ha podido superar los años más difíciles de su vida.

Escuchar por primera vez Melodrama es coronarlo –sin necesitar más tiempo– como el álbum del año. Basta con dejarse llevar por sus melodías para sentir una parte de ese dolor que le produjo la ruptura más difícil de su vida. El título del álbum ya nos ponía en aviso y es que las diez canciones que lo forman siguen la línea de una misma historia, presentada por el primer single, Green Light: ahora que estoy sin ti, ¿cómo encuentro mi propio camino a la felicidad? A lo largo de los temas, perfectamente ordenados, va viajando por los diferentes estados de esta ruptura, las diferentes sensaciones, hasta encontrar (o no) esa luz verde.

Si rápidamente se puede catalogar como un dramón post-ruptura para encerrarse a llorar recordando fracasos amorosos pasados, Lorde asegura que es un disco para aprender a estar sola, para conocerse, quererse y respetarse: “hablo de la parte buena y mala de estar sola. ¿Quién soy cuando estoy sola y hago cosas para mí misma?”. Por esta razón, y a pesar de la nostalgia impregnada en cada una de las canciones, Melodrama en su conjunto tiene un halo de esperanza que debe analizarse muy atentamente.

Si con Green Light empieza el álbum preguntándose “qué narices voy a hacer ahora que te vas de mi vida”, Sober, la segunda canción, nos deja un cierto regusto de vivir la juventud, esos altibajos constantes que te hacen sentir vivo, esa sensación de tener el mundo ante ti y para ti es superior al éxtasis producido “por una pastilla”: “ni siquiera una pastilla pueda alcanzar nuestra euforia, ¿qué haremos cuando estemos sobrios?”. Si con su primer álbum, Pure Heroine, hablaba constantemente del miedo a envejecer, con su nuevo trabajo grita para espantar ese miedo absurdo a estar sola.

El resto de temas son intentos de huida de esta relación que tanto le ha arrancado del interior. Homemade Dynamite, donde contempla la autodestrucción de todo lo que se ha levantado en tanto tiempo; Liability, posiblemente la mayor obra de arte de este trabajo, donde Lorde se siente culpable y entiende que la deje abandonada (literalmente); en Sober II, donde ve que todo lo que ha vivido se ha quedado en nada, y que todo se convierte en recuerdos, lo que nos lleva a Supercut, donde ve su vida con él allá donde va.

Pero si en una de estas canciones hace un desnudo completo es con Writer In The Dark, la canción más dura del álbum, donde se dirige directamente al receptor, repitiéndole que sabe que se arrepiente de haberla besado en un principio, que ya no hay vuelta atrás y que ella le querrá hasta que se acabe su respiración, pero que intentará encontrar un camino sin él.

Pero después de todo este sufrimiento a lo largo del álbum, llega Liability (Reprise) y te arrodillas ante ella y le colocas la corona. En esta continuación de la balada, termina con la frase más clave de todo el disco: “Tal vez lo hayamos hecho con violencia, pero no eres quien pensabas que eras. Y si le te parece poco bajón del pedestal, termina el tema con “Vete”. ¿Esto quiere decir que ha encontrado la “luz verde” que buscaba al principio? Lo que está claro es que ha encontrado la manera de seguir su propio camino, y que todo este dolor que ha cantado en Melodrama ha servido para encontrarse a sí misma.

¿Por qué no acaba el disco con esa frase? Sí, es el final de la historia, pero Perfect Places, el final definitivo del álbum, habla de esa necesidad que tenemos de encontrar “los sitios perfectos para nosotros” cuando somos nosotros mismos donde debemos encontrarnos a gusto, sin necesitar nada ni nadie más. “¿Qué cojones son esos sitios perfectos?”, es el verso perfecto para el final de este trabajo, y sobretodo para comenzar un nuevo camino.