Afrodisíacos: Comer y Follar, Todo Es Empezar

¿Los afrodisíacos son un mito o aumentan de verdad el apetito sexual? Científicamente no está muy claro que haya alimentos que nos pongan calientes. Algunos nos sugieren escenas subidas de tono por el modo en que se comen, como los plátanos, o por la similitud con los genitales, como higos, ostras, papayas, espárragos, etc. Y es que a veces, saber que un alimento tiene fama de cachondos ya nos condiciona.

Otras, solo el hecho de compartir la preparación de la comida puede ser un buen juego erótico: rellenar un pavo con las manos o amasar un pan a medias suena primitivo y sucio. Como el sexo. Porque nos pone, porque es emocionante y distinto y porque todos hemos visto '9 semanas y media' y hemos querido hacer algo parecido aunque finalmente resultáramos un poquito torpes.

¿Pero entonces hay alimentos que nos pongan a tope como tal? ¿O está todo en nuestra cabeza? Pues voy a comprobarlo. A partir de este momento pasaré un fin de semana comiendo alimentos considerados afrodisíacos para ver si el lunes acabo haciendo más guarrerías de lo normal.

Sábado: primer día del experimento

Bol de yogur con avena, plátano y miel

No veo cómo un yogur puede poner a tono, a no ser que lleve como topping Viagra picada. Pero los plátanos tienen vitamina B y potasio, importantes para la producción de hormonas sexuales y dar energía. Como la miel, que libera energía lentamente y ya se usaba en la Edad Media para aumentar la potencia sexual. Por algo se le llama 'Luna de Miel'. Yo lo he probado y me he puesto de cantidad bien. Que no se diga.

Ostras

Un buen plato de ostras ha abierto más piernas que muchos ginecólogos. Pero para este reto tenía claro que con mi sueldo de nimileurista no podía permitírmelas. El marisco en general es muy rico en zinc, mineral fundamental para la producción de testosterona y estrógenos. En mi caso he comprado clóchinas, un molusco parecido al mejillón que, además de un montón de propiedades, tiene un nombre bastante sugerente. ¿Cochinadas? Sí, por favor.

Aunque hay alimentos con sustancias nutricionales que ayudan a potenciar el deseo sexual, en principio no hacen milagros. Los alimentos que contienen arginina (que actúa como vasodilatador aumentando el flujo sanguíneo a los genitales ), triptófano (considerada la 'hormona del placer') y magnesio (que el cuerpo transforma en testosterona y estrógenos) pueden suponer una ayudita extra para entrar en materia. Pero de nada sirve cascarte un kilo de ostras si a ti no te apetece sudar de lo lindo en la cama.

La actitud hace mucho. Por eso, cualquier alimento puede ser afrodisíaco. Recuerda que el órgano sexual más importante es el cerebro. Las fresas con nata servidas en la comida familiar de los domingos delante de tu tía abuela como que no ponen nada. Ofrecerle a tu pareja una fresa con la boca y mojar después el dedo en la nata para que te lo chupe ya suena diferente, ¿no?


Domingo: segundo día del experimento

El batido del amor

Junta en un vaso melocotones (con vitamina C para incrementar la líbido, lo que hará que te enciendas más rápido), avena (que mejora el riego sanguíneo hacia el clítoris y contiene arginina, usada en los tratamientos contra la disfunción eréctil) y zumo de arándanos (esta fuente de antioxidantes es un diurético natural que ayuda a deshincharse, para no preocuparte mientras estás en faena de si se te ve gorda la tripa).

Rollitos de canela con chocolate caliente

La canela estimula el riego sanguíneo en la zona abdominal y los genitales (alargando la erección), pero con la pizca que le eches al arroz con leche no vas a notar nada. El chocolate negro (mínimo 70% de cacao) contiene feniletilamina, una sustancia que provoca euforia al liberar endorfinas y serotonina, estimulantes que aumentan la dopamina, lo que brota en tu cerebro cuando tienes un orgasmo.


Domingo por la noche: evaluación final

Pues sí, llegado el domingo mi orgía culinaria ha acabado. ¿Que si me he sentido indiferente? Quizás sí, pero es que tampoco tengo la costumbre de ir monitorizando minuto a minuto mi libido. Tampoco he estado subiéndome por las paredes, pero sí diría que más receptiva sí que he estado.

Conclusión: mi experimento como cocinillas lujuriosa no me ha convertido en una desenfrenada máquina sexual pero he comido mejor y más variado. Eso ha hecho que esté más feliz y más contenta. Y eso, en el catre, se nota.