Nos Adentramos En Un Futuro Distópico En El Que Paquirrín Es Entrenador Del Valencia

“Estoy seguro que si el Valencia me pillara como entrenador lo metería en la UEFA. Ahí lo dejo”. Así ha comenzado uno de los días más surrealistas que se recuerdan en ese universo cutre-lúdico-deportivo que es el fútbol español. La cosa es así de chunga: Kiko Rivera ‘Paquirrín’ ofreció a través de su cuenta en Twitter a entrenar al Valencia C.F, que está en horas bajas. Las rajadas en las redes sociales han tardado cero coma en aparecer y el asunto ha caído como una patada en los esféricos a los habitantes de la capital del Túria.

Tú te gastarías todo el dinero en bollicaos, gordo" o "por desgracia empezamos a ser la risa de España, hasta el paleto este nos vacila”, han sido algunos de los comentarios recogidos por el diario que aglutina el fervor de la afición Ché. Pero, observando las liadas de entrenadores como Gary Neville, que apenas consiguió ganar tres partidos en los cuatro meses en Mestalla, podría no ser tan mala idea confiar la salvación el equipo a un experimentado y culto DJ como Paquirrín.

Puestos a imaginarse un escenario digno de una experiencia psicotrópica, la única manera de fumarse la candidatura del hijo de la Pantoja, nos proponemos una mirada a un futuro distópico en el que un club que acumula una deuda de 466 millones de euros pasa a ser dirigido por un ser cuyo última gran contribución a la humanidad fue correr a caramelos al rey Melchor en la cabalgata de Reyes de la Cuesta en Sevilla.

El primer entrenamiento del ‘mister Rivera’

Es una fría mañana de enero en la ciudad deportiva del Valencia en Paterna. De repente, el sonido de música calorra irrumpe en el parking de la entidad. Vestido con un ajustado chandal naranja y negro, en honora los colores del club, Kiko hace su espectacular llegada a las instalaciones sin quitarse las gafas de sol modelo aviador. Ya sobre el césped, sus instrucciones al capitán Dani Parejo son claras y precisas: “¡Quillo! Tienes menos movimiento que los ojos de Espinete”.

Un fichaje que cambió el destino Ché

La revolución táctica estaba servida. Kiko no había llegado a Valencia con las manos vacías. Su mente privilegiada había trabajado sin cesar, elucubrando el fichaje que podría aportar una ventaja decisiva sobre sus rivales en el descenso. El elegido no fue otro que Sergio Ramos. Los astros se alinearon y las cabezas más clarividentes del panorama futbolístico mundial coincidieron en Mestalla: “¡Quillo! Lo vamos a petar más que mis pantalones pitillo después de la Navidad”.

Sergio Ramos, Real Madrid | EMPICS

Los éxitos de Paquirrín conquistan a la afición

Los inicios del mister ante el exigente público de Mestalla fueron duros. Mientras a su madre le arrojaron rosas rojas en los escenarios de toda España, Kiko tenía que contentarse con lonchas de mortadela que llovían desde la grada del Gol Gran. “Gordo, animal de sèquia, apardalat”, eran algunos de los insultos del repertorio autóctono que tuvo que escuchar en el debut ante el Real Madrid. Pero el milagro y David vencieron a Goliat. En el minuto 93 un cabezazo de Ramos lograba el 1-0. Una vez más, Kiko felicitó a su paisano por el primero de muchos éxitos: “¡Quillo! Tienes más suerte que Tarzán encontrando lianas”.

La final de la Champions que siempre soñó

Tras una racha de victorias jamás vista en la historia de la Liga, Kiko se convirtió en el entrenador de moda en Europa, llegó el gran final de la Champions League ante, como no, el Real Madrid. Sin embargo, llegado el minuto 92, y con un 0-0 en el marcador, Sergio Ramos se lesionó.

Su ariete ante las defensas infranqueables había sucumbido ante la dureza de su excompañero Pepe. Completamente rotos sus esquemas ofensivos, los ataques( y las quejas) de Cristiano acabaron provocando el penalti decisivo. El sonido del "¡¡¡Siiiiiiiuuuuuuu!!!" enterró por siempre el sueño de Paquirrín: “¡Quillo! Estoy más triste que Punset en una cita con Leticia Sabater”.

El destierro de Kiko y su mensaje final

El fin de semana siguiente a la derrota, las lonchas de mortadela volvieron a llover sobre el césped del Mestalla. Arrinconado en el banquillo, Kiko entendió que había llegado la hora de despedirse. A su rueda de prensa acudió la élite de la prensa deportiva de toda España: Tomás Roncero y Álvaro Ojeda (el de Copérnico).

Nadie podía entender como este aparente genio de la táctica futbolística había sucumbido en el partido más importante de su vida. Sus emocionadas palabras ante los micros palabras conmovieron a los presentes. Fiel a su retórica e impecable estilo, el mister Kiko concluyó su aventura en el fútbol con un último chiste del más alto nivel: “¡Quillo! Se acabó. Me habéis dado más problemas que los cuadernillos de Vacaciones Santillana. A cascarla”