8 películas de culto para ser considerado un cinéfilo

Si tú también asientes cuando tus colegas de universidad debaten sobre el cine giallo, pero en realidad no tienes ni idea de qué leches están hablando, quizá necesites esta introducción fílmica para empezar a molar tanto como los asistentes a un cine-fórum de documentales armenios. Estas 8 películas de culto te dotarán de culturilla cinematográfica y podrás mantener una conversación pareciendo el más entendido de la sala. Además, seguro que despiertan ese gusanillo y amor por el cine y, después de verlas, querrás más y más.

1. 12 hombres sin piedad (Sidney Lumet, 1957)

Joyita que triunfa en esta lista por sus brillantes conversaciones en un solo decorado de 30 m2. Un jurado debe decidir sobre la culpabilidad o inocencia de un sujeto. Para ello, se ponen en tela de juicio conceptos como la justicia y la conciencia. Además, actúa Henry Fonda, miembro honorífico de ese grupo de actores (junto a James Stewart, Cary Grant o Gregory Peck) de la primera mitad del siglo XX que parecen fotocopias. Hombres duros, repeinados y con traje. Un clásico que te hará pasar la primera prueba de acceso al club de los cinéfilos.

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2. El séptimo sello (Ingmar Bergman, 1957)

Lo tiene todo para que parezcas el hijo de Martin Scorsese: blanco y negro, los 50's y un director sueco. Un guerrero que juega al ajedrez con la muerte y que parecería un sketch de Cruz y Raya si no fuera por el contenido filosófico que trae detrás. La búsqueda del sentido de la vida es un concepto tan abstracto que sirve como argumento para las películas favoritas de cualquier hipster pretencioso. Además, podrás decir que ya conocías a Max von Sydow antes de Juego de Tronos -interpreta al Cuervo de Tres Ojos-. Esas cosas siempre quedan cool.

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3. Mulholland Drive (David Lynch, 2001)

Los cinéfilos más pedantes sostenían que este experimento "lynchiano" era tan grande como la Capilla Sixtina. Una historia lésbica, con tufillo visual a telefilm y varios personajes bizarros que no convencían ni a los atrevidos que se habían tragado El acorazado Potempkin (si tampoco sabes cuál es, no sufras demasiado).

Recientemente, ha sido considerada la mejor película del siglo XXI por 177 críticos. A muchos se les borró la cara de guasa de un plumazo; pronto les señalarían como si su película favorita fuera Colega, ¿dónde está mi coche?. David Lynch es libre, creativo y, haciendo uso del surrealismo y la desestructuración narrativa como quien va a comprar el pan, te saca un producto aparentemente torpe con alma de diamante.

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4. 2001: una odisea en el espacio (Stanley Kubrick, 1968)

Infumable para algunos e ininteligible para otros, esta obra mayúscula de Kubrick es uno de los engranajes que mueve el séptimo arte. A quién no se la hicieron tragar en clase de filosofía. Y entonces te la resbaló, pero deberías volver a verla. Si no la entiendes, cosa muy probable si no eres la reencarnación del director, hay webs que explican interesantes teorías. La comprensión de la película y sus bellas e inquietantes imágenes acabarán por demostrarte que Star Wars es un episodio de Doraemon al lado de esta aventura espacial. La evolución del hombre, Nietzsche y un simbolismo apabullante ponen los ingredientes a este plato de obligatoria degustación.

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5. Dogville (Lars Von Trier, 2003)

Lars Von Trier se sacó de la manga este incomparable drama psicológico que analiza el lado oscuro del ser humano. Si todavía tienes pesadillas por el cartón-piedra de Aquí no hay quien viva, en Dogville, vas a flipar, porque Nicole Kidman se pasea por un pueblo de los años 30... ¡dibujado con tiza! Por suerte, la psicología del filme es tan honda que quizá te dé vueltas la sesera durante los 177 minutazos de visionado. El bueno de Lars dejó claro que puede hacer lo que le salga de sus huevos daneses y ser aclamado por crítica y público, aunque la mitad no entendieran nada.


6. Fellini, ocho y medio (Federico Fellini, 1963)

Este sueño-realidad italiano tiene miga. Recuerdos, diablos y amores a partir de los cuales un director de cine italiano busca inspiración para su nueva película. Y lo hace lanzando una trampa al espectador, que se queda deambulando en un universo surrealista, introspectivo y real al mismo tiempo. Woody Allen le homenajeó en Recuerdos, Paolo Sorrentino hizo lo propio en La gran belleza y tú debes mamar de su sapiente teta si buscas ser un hacha en el quesito rosa del Trivial.

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7. Rashomon (Akira Kurosawa, 1950)

El autor japonés tiene todo lo que necesitas para dilatar tu cultura cinematográfica, parecer guay y ser tildado de tocapelotas cuando nadie te entiende (si estás en el otro bando es más divertido). Por eso necesitas introducirte Rashomon como una lavativa. Un leñador, un sacerdote budista y un peregrino tendrán que juzgar a un bandido según una serie de testimonios, generando un dilema que da sentido al endiosamiento de esta película de culto. Si la entiendes, tienes mucho camino recorrido. Si no, finge y saldrás victorioso ante los fans de Gran Hermano.


8. Los cuatrocientos golpes (François Truffaut, 1959)

Nouvelle vague son dos palabras que debes tatuarte a fuego si quieres ligar con intelectuales de gafas retro. Truffaut es uno de los grandes de este género del cine francés y esta película su obra culmen. El blanco y negro y el tono autobiográfico de la obra -infancia atormentada incluida- tienen mucho que ver con el cine de autor, el cual debes consumir habitualmente para entrar en este Olimpo. Si conoces la cinta, parecerás sensible, cultureta y transgresor al mismo tiempo; si tus interlocutores no la conocen, quedarás como un dios/diosa.

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