8 cosas que entiendes a la perfección si tienes un sentido del humor ácido

No lo puedes evitar, tu boca es un lanzallamas. Tus bromas rozan siempre lo chungo, oscuro, ácido, fétido y ofensivo. El humor controvertido sale de ti como un eructo entre lo intelectual y lo directamente inútil. Consideras que si no le escuece a nadie, la broma no es buena. Y eso que no siempre sueltas todas las perlitas que fabrica tu mente cínica y retorcida. Puede que te pasen algunas de estas cosas:

1. Flotas en los silencios incómodos

Que se forman automáticamente después de una broma tuya. En realidad, disfrutas secretamente cuando se escandalizan. No conoces la palabra 'calibrar': cuando en un grupo se anima el ambientillo y empiezan las bromas, siempre acabas cruzando tú la fina línea que separa lo gracioso de lo incómodo. Si algún día consigues una cita, tu ligue se atraganta con la sopa o directamente finge no haber oído tus bromas sobre zoofilia. Con lo bien que te salen. También sabes delegar méritos: cuando otra persona suelta una broma polémica que tú ya estabas gestando, te asignas un ‘chiquipunto’ y sonríes para tus adentros.

humor ácido

2. Tu imagen pública es una cloaca (pero con elegancia)

Sabes que no podrías dedicarte a la política porque te 'trolearías' tus propios discursos, tus tuits te sacarían del Parlamento y te plantarían en la cárcel sin pasar por la casilla de salida. Aunque pensándolo bien, en la era de Trump todo parece una puta broma. En redes sociales o te odian o te aman, eso cuando alguien consigue entender tus idas de olla. Tus haters te ponen con su indignación, y los unfollows te hinchan de satisfacción. Son un filtro de gente pusilánime: ‘De su enbidia nase tu fama’.

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3. Nunca podrías ser profesor/a

Te echarían al minuto dos por corromper mentes. Te da miedo hablar con niños pequeños porque no sabes cómo tratarlos y para ganarte su confianza les haces bromas de adultos. De hecho, empiezas a pensar que no podrías ostentar ningún cargo convencional. Pero sabes que ahí fuera tiene que haber un lugar en el que tu creatividad destructiva tiene valor, así que mandas tu currículum a Código Nuevo.

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4. Te preguntas cómo todavía tienes amigos

Después de la quinta broma indecente sobre lo mierda que es la carrera de Laura o sobre lo cutre del peinado de Pedro, te extraña que no te hayan abandonado en un pozo de ostracismo. Pero hay una fuerza sobrenatural que les ata a ti. Quizás la clave es que cuando repartes hostias, te guardas algunas para ti mism@, porque te gusta dejarte por los suelos. A tus colegas les quieres, pero en secreto tus mejores amigos son Louis CK y el guionista de Rick and Morty.

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6. La gente te toma por un/a insensible

De forma que cualquier muestra de sentimentalismo se recibe como una ironía o un "pffjuá, ¡no vayas de que te importa!". Nadie se puede creer que tengas valores o que algo te pueda ofender. Pero eh, tú también tienes tus límites, y cuando algo te parece fuera de lugar, te entra la 'moralitis'. Entonces te miran raro, pero tú te amas como eres, con tu mente incoherente y hecha un desguace.

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7. A tu pareja le da miedo invitarte a cenar con sus padres

Por eso de que vas a soltar alguna locura fuera de lugar, fijo. Si no es nada más llegar aludiendo a su religión, a la política o el sexo, será en la segunda copa de vino hablando de la muerte o de las anfetaminas. Lo tuyo es hacer amigos, pero de los que acaban en la cárcel. Lo que la gente no sabe es que tienes la capacidad innata de hacer la metamorfosis y convertirte en un ser humano extremadamente normal (gris, educadito) porque las mentes más retorcidas tienen que poder pasar desapercibidas.

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8. Te crees único

Cuando ves El Intermedio te parecen unos cobardes y te preguntas por qué todavía no te han llamado para solucionarlo. Pero te das cuenta de que no molas tanto porque hay unas 29.328.993 personas con tu mismo tipo de humor. Y cuando conoces a otro fan de la risa macabra como tú, hay dos opciones: o bien os amaréis al instante, ante el horror de los que os rodean, o bien correrá la sangre. Os batiréis en duelo a golpe de zascas durante tres horas hasta que os estrechéis la mano y selléis con puntos de sutura una amistad sin fronteras.

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