6 razones para ver la Naranja Mecánica

Varios directores habían intentado llevar a la gran pantalla la novela La Naranja Mecánica de Anthony Burgess, sin embargo, todos fracasaron en sus intentos hasta que, en 1971,  Stanley Kubrick creó el largometraje que muchos, hoy en día, consideran uno de los principales ejemplares del cine de culto. El director y su reducido equipo, de tan solo 20 personas, utilizaron varias técnicas, cuanto menos curiosas, para poder suplir la falta de presupuesto de la película. Montaron la cámara sobre una silla con ruedas para realizar los travellings, grabaron el sonido con micrófonos en el set (fue una de las primera películas en hacerlo) y rodaron casi todas las escenas con luz natural.

Tanto por su estética como por su contenido (ultra-violencia, violaciones, crítica a las técnicas conductistas, al gobierno y a la sociedad), muchos la consideran hoy en día una de las mejores películas de todos los tiempos. No obstante, su estreno en la década de los 70 dio lugar a una fuerte controversia, e incluso, llegó a ser retirada en Reino Unido.

Pese a las críticas, La Naranja Mecánica es una de las mejores obras de Stanley Kubrick, una película impecable y digna de ver por multitud de razones. Aquí os dejo con seis de ellas:

Fuera del guion

Malcolm McDowell resultó ser tan bueno improvisando como actuando. Kubrick le pidió que improvisara algo mientras se rodaba el ataque a un escritor y la violación a su mujer. McDowell comenzó a cantar y a bailar Singing in the rain felizmente mientras se rodaba la escena de extrema violencia. Al director le gustó tanto que tuvo que comprar los derechos de la canción por 10000 dólares.

Asincronismo musical

El protagonista, Alex, es un enamorado de la música clásica, sobre todo, de la obra de Beethoven. Tal éxtasis le provoca escuchar la Novena Sinfonía que acaba evocándole imágenes de violencia, maltrato, dolor… las cuales le producen un gran placer. Por ello, y para conseguir que el espectador se sienta incómodo, Kubrick acompaña todas las imágenes de extrema violencia con música clásica, haciendo que la falta de concordancia entre imagen y sonido sea uno de los recursos principales de la película.

Trío acelerado

Durante el rodaje, Kubrick experimentó mucho con la cámara. Empleó lentes de gran angular, filmó algunas secuencias con la cámara sobre el hombro y aceleró o ralentizó las imágenes en algunos momentos. El talento de Kubrick sobresale en la escena del trío entre Alex, el protagonista, y dos chicas. La escena fue rodada desde un mismo ángulo de la habitación durante 28 minutos. Sin embargo, al reducirla a 2 fotogramas por segundo, la escena de sexo adquiere un aire cómico  y singular. Además, es acompañada por la Obertura  Guillermo Tell de Rossini también acelerada.

Nadsat

El autor de la novela, Burgess, crea toda una ficticia jerga adolescente, con una mezcla de palabras basadas en el ruso, jerga rimada Cockney y otras cuantas palabras inventadas por él. En la película, Kubrick, respeta el uso de muchas de esas expresiones, llevando así el diálogo entre Alex y sus drugos (amigos) a otro nivel.

El Método Ludovico

Esta terapia ficticia a la que someten al protagonista para curarlo de su maldad es una clara crítica al condicionamiento clásico iniciado por el psicólogo Pávlov. Los psicólogos no solo consiguen que Alex sienta miedo y náuseas al presenciar violencia, sino que también acaba teniendo animadversión a la Novena Sinfonía, pues esta suena durante uno de los visionados del experimento. Por lo tanto, se demuestra la anulación del libre albedrío del protagonista y, con ello, su condición de ser humano con capacidad de decisión.

Confidencias de Alex

Para ganarse la comprensión del espectador, la voz en off del protagonista va narrando los hechos y buscando la aprobación del espectador con argumentos y razones sobre su modo de actuar. El personaje crea un lazo tan embaucador con el público que acaba sintiendo lástima por él, cambiando las tornas, y convirtiéndose Alex en la víctima.

Vía: Blog Películas de Culto, Hoy Cinema               Crédito de la imagen: Archive Cinema