Las 6 Lecciones De ‘Nuestra Hermana Pequeña’ Que Harán Que Te Tomes La Vida Con Otra Perspectiva

El estilo pausado, con tiempos muertos y ambientes familiares e intimistas, que imprime el director de la película Nuestra hermana pequeña (Umimachi Diary), Hirokazu Koreeda, nos permite indagar en nuestros adentros sobre cómo concebimos aspectos tan ligados, y a la vez dolorosos, como son las relaciones sanguíneas, el abandono y la muerte.

Nuestra hermana pequeña cuenta la historia de tres hermanas que viven con su abuela y que, en el funeral de su padre -al que no ven desde hace 15 años porque se fue con otra mujer-, conocen a su hermanastra. Estas tres hermanas ‘abandonadas', contra todo pronóstico, acogen a la pequeña, también ‘abandonada', y deciden vivir todas juntas. De esta convivencia de almas rotas surgen estas 6 lecciones que sirven para tomarse la vida con otra perspectiva.

Podemos aprender mucho pensando en las cosas que hemos perdido

Todos los personajes de la película están invadidos por los recuerdos de las personas que han formado parte de su vida. Y pese a que físicamente no están, siguen existiendo, pues en su interior están. Pensar en lo que hemos perdido, nos ayuda a recordar lo que nos hace felices y lo que nos enseñaron para serlo. Su ausencia, sobre todo en la infancia, nos obliga a hacernos adultos prematuramente, pero también a saber buscar un brote de felicidad entre las cenizas.


Pegar un grito al cielo es la mejor terapia

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Afecto herido, carencias sin cicatrizar y cuentas pendientes familiares subyacen bajo las diferentes personalidades de las cuatro jóvenes. Ante esta presión, el dolor se instala en el pecho y oprime el corazón. Por eso mismo, como hacen las protagonistas, la mejor terapia se puede encontrar emitiendo un buen chillido hacia el cielo. Y si, ese grito va dirigido a quien te lo ha provocado, mucho mejor. “¡¡¡Mamá es una idiota!!!”, grita la hermana pequeña desde la montaña.


El respeto es crucial para que una sociedad funcione

El máximo respeto que existe en la cultura japonesa puede llegar incluso a estresar a la cultura occidental. Sin embargo, para un buen funcionamiento de la sociedad es imprescindible. Digamos que la vida es más tratable. Para nosotros es inconcebible que ninguna de las cuatro hermanas se sienta víctima por culpa del abandono de su padre. Incluso la mayor, Sachi, llega a decir que este era una "persona cero" pero muy amable.


El fruto de tu desgracia puede ser quien te devuelva la alegría

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Aunque sea tu hermana pequeña, no deja de ser hija de la que destruyó a la familia”, le dice la abuela a Sachi, después de acoger a su hermanastra. Si te has encontrado en esa situación, seguro que en un primer momento has sentido aversión por el fruto que ha salido de uno de tus padres y que le ha devuelto la felicidad. Sin embargo, con el tiempo, sabemos dejar la rabia a un lado y acabamos queriendo con locura a ese fruto llamado hermanastro. En el caso de la película, les devuelve la alegría.


La familia tiene algo que nos une

Podemos odiarnos, no caernos bien, pero por una inexplicable razón, siempre acabamos juntándonos en familia. La sangre lleva una conexión especial que nos une. Se mueren nuestros padres y abuelos, pero al mismo tiempo, también damos la vida a nuestros hijos. Es un ciclo hermoso que, aunque en algún momento parezca romperse, siempre estará unido por un hilo trasparente.


Tanto nuestros padres como nosotros mismos somos culpables de nuestro destino

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¿Son nuestros padres culpables de nuestra inestabilidad y de nuestro destino o somos nosotros mismos los únicos responsables? Es una pregunta que continuamente se nos viene a la cabeza. Y como bien refleja la película es una mezcla de las dos. Nuestros padres nos marcan el camino, a veces inestable y lleno de trabas, pero somos nosotros los que lo retomamos, tendiendo en nuestro poder, el cambio del sentido de nuestro destino.