Las 6 fases moñas del enamoramiento que son una auténtica putada 

Qué bonito es ese momento en el que tu vida pega un vuelco y en lugar de  estar enganchada al ordenador, viendo a los macizorros habituales de las series que ves, te das cuenta de que un chico te hace el tilín suficiente como para pensar, que ninguno es comparable al tuyo.

Y efectivamente, te tiene tonta, porque es muy bonito, pero hay momentos del enamoramiento que también son una putada, sobre todo si no eres la reina de hielo, si eres un poco de darle vueltas a todo, si se te remueven cosas por dentro, si… si eres humana y un poco loca, vaya.

1. El ascensor

Cuando te das cuenta de que te gusta ese chico y tienes un 'no sé qué, que qué se yo' en el cuerpo que te sube y baja y te hace hasta cosquillas. Y sientes que la vida mola un montón porque estás ahí, con tu tontería interna, sonriendo porque hay un chico que te encanta y pareces una loca por la calle y piensas que estás ante un mundo lleno de posibilidades y vas por la vida como si tuvieras un subidón de azúcar y te cae bien hasta el pesado de la oficina.

2. La bechamel emocional

Cuando no sabes si son mariposas en el estómago o una úlcera y a tu alegría interna se te junta esa sensación de “¿PERO POR QUÉ NO ESCRIBE? POR QUÉ?” y le das la tabarra a tus amigas y ellas te dicen que no seas loca, que te esperes y al final pagas la intriga y la frustración con tu compañero de oficina, ese que te caía bien en la fase de enamoramiento pero ahora te vuelve a caer mal porque los lunes es muy pesado, llevas dos cafés y el chico sigue sin dar señales de vida y tienes una mezcla de ingredientes internos que ya no sabes si te gusta, no te gusta, le odias, le quieres o qué.

3. Paren las rotativas

Cuando por fin escribe y te falta hacer un evento de Facebook para informar a todas tus amigas que han estado escuchando todas tus teorías, dudas y agonías. Y al final quedáis, pasan cosas que no se pueden comentar en horario infantil y te pones otra vez en modo qué maravillosa que es la vida y que majo es y qué bien te cae y cómo te gusta y tu vida es un musical. 

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4. Yo he venido a hablar de lo mío

Cuando se hable de lo que se hable, tú lo ves un buen momento para mencionar al chico que te gusta. Como por si mencionarle se hiciera todo más real. Y tú, que le mencionas con la misma cara que cuando veías que habías aprobado un examen sin estudiar, no te das cuenta de que tus amigas están hartas de que le menciones incluso cuando estáis hablando de lo que vais a cenar esa noche.

5. Cuando le odias otra vez

"En serio ¿por qué no escribe? ¿es que no le gusto? ¿es que no le GUSTÓ? ¡ME QUIERO MORIR!" y de repente es un cabrón porque no ha hecho nada, pero oye, que no escribe. Y el pesado de tu oficina vuelve a pagar los platos. Y tus amigas te plantean un tema interesante:

-Escríbele tú

-¡Sí bueno! Y que sepa que me gusta. Ni de coña.

Ahí es cuando, desde fuera, se ve la claridad mental que posee una persona estando enamorada. Cuando nos damos cuenta de que solo hay sabiduría en ese estado y coherencia, sí...

Y tiene que aparecer la amiga estable, que dejó de ser una inestable emocional hace tiempo, para decirte que te calmes y que dejes de hacer el imbécil.

6. Cuando ya no hay vuelta atrás

Cuando todo vuelve a la normalidad pero en realidad no. Porque te has enamorado hasta las trancas y ya no hay vuelta atrás. Y solo te queda aceptar y asumir que vas a tener más confetti emocional que en una fiesta de cumpleaños y avisar a tus amigas que te has enamorado que ellas ya sabrán que habrá de todo por el camino.