Las 5 rarezas de 'The End of the F***ing World' que la convierten en una serie hipnótica

Dentro de la oferta cada vez más interminable de series, a veces aparecen joyitas llenas de encanto raruno que, sin saber cómo, se te meten debajo de la piel y te desarman mediante su sensibilidad y sencillez implacables. The End of the F***ing World es un poema de amor, una oda a la diferencia, la rebeldía y un 'fuck off' en toda regla: al mundo, a los demás y a uno mismo. Es el último hype de Netflix, y no es para menos.

1 . La dulce locura de los protagonistas

James disfruta matando animales y está en modo búsqueda y captura de su primera víctima humana: Alyssa. Alyssa detesta la vulgaridad del género humano y le asquea relacionarse con cualquier persona excepto con una: James. Son dos adolescentes marginados que se complementan en su excentricidad. Un proyecto de psicópata y una aspirante a misántropa que, en pleno desarrollo de sus emociones y personalidad, se encuentran el uno al otro en medio de toda la incomprensión que los rodea. Están como una cabra y resultan encantadores. Pero sobre todo, son normales y corrientes, además de atormentados y delincuentes. Puro amor. Tan blanditos que te quieres morir.

2. El free-pass a la mente de James y Alyssa

La voz en off no es algo ajeno en series y películas. Estamos acostumbrados a escuchar los pensamientos de los protagonistas mientras los acción se desarrolla. Sin embargo, lo que ya no es tan común es que sus reflexiones interiores se cuelen entre los diálogos como si tal cosaThe End of the F***ing World te abre la puerta al mundo interior de sus protagonistas de par en par, y es un mundo precioso. Una vez dentro, te acurrucas en ese lugar donde está 'lo-que-no-se-dice' y te dispones a escuchar lo que ambos callan mientras hablan. Living' the dream. 

3. La ausencia total de filtro + su sentido del humor

En los diálogos, en las acciones, en la actitud de todos los personajes e incluso en la crudeza al retratar la sociedad. Es una serie inglesa, y se nota. Dibujan con lápiz de hierro las cloacas del ser humano, pero lo hacen de una forma simple, cotidiana, tan basta y delicada a la vez, que es imposible no reír ante el panorama que te están pintando. Porque hay un chaval que se llama Frodo. Porque estamos ante 'the end of the f***ing world' y hay que huir del patetismo sin perder la sonrisa. 

4. Viene de un cómic, y podría ser una película

De hecho, lo es. The End of the F***ing World es la adaptación de la novela gráfica homónima de Chuck Forsman en una serie de ocho capítulos de 20 minutos. Pero si hacemos las cuentas, sale una película de aproximadamente dos horas y media que, en un acto de lucidez, eligieron concebir como serie. Esta decisión ha convertido la trama, simple y potente, en un cuchillo que avanza atravesando a sus personajes igual que James y Alyssa atraviesan Inglaterra en su road trip. Eso sí, es aconsejable marcarse un binge-watching reglamentario para apreciarla en todo su esplendor y ver cómo la historia se toma su tiempo para hacer del desarrollo perfección.

5. Que, al fin y al cabo, es una historia de amor

Quizá sea lo más raro de todo y es que, más allá de sus impertinencias, esta serie cuenta la historia de siempre: dos adolescentes corrientes de un pueblo cualquiera que van al instituto y solo consiguen encajar el uno con el otro. La historia de un primer amor forjado en el dolor, la insolencia y muchas gamberradas.

De hecho, la brutal BSO de The End of the F***ing World es el reflejo de su espíritu. Se mezclan en ella canciones indies como We Might Be Dead by Tomorrow de Soko con clásicos como Keep on Running de The Spencer Davis Group, igual que su esencia, un 'Sundance meets el Hollywood clásico' que sucede en un mundo tan surrealista como honesto. Qué hay más conmovedor, real e intemporal que contemplar dos personas heridas —y que rechazan cualquier forma de afecto— enamorarse y encontrarse a sí mismas en un mundo de mierda, y qué importante es contarlo como si nunca se hubiera contado antes.