5 películas tan sucias y agobiantes que tendrás ganas de darte una ducha

La suciedad transmitida a través de la pantalla es algo que pocos directores de cine son capaces de conseguir.

Son muchas las películas que te invitan a darte una ducha después de verlas, aunque no todas frías. A veces, al ver los títulos finales de crédito, lo único que quieres hacer es levantarte, desnudarte y vaciar un bote entero de gel sobre tu cuerpo. Porque hay experiencias que te dejan sucio en el sentido más estricto de la palabra: sucio de uñas negras, de piel salada, de pelo encrespado y de olfato digno de Metro en hora punta. Si nunca has sentido algo así con una película no te preocupes, que aquí estamos nosotros para recomendarte cinco duras, buenas y sucias.

Crudo, franceses que aman la carne poco hecha

La emancipación de una joven en su primer año de universidad es el punto de partida de una experiencia, más que una película, que va rompiendo las barreras de la propia protagonista: lo que parte de la virginidad, la prudencia, la disciplina, la responsabilidad y vegetarianismo acaba en una ‘rave’ interna de sexo, violencia, y canibalismo a partir de un simple riñón de conejo. Una mezcla de terror y humor negro salpicado casi en cada escena de sangre, piel, bilis y sudor que provocó desmayos (según las crónicas) en su estreno en el festival de Toronto. Un golpe directo al estómago del que, sin embargo, no renuncias a ver ni un solo minuto.

El Maquinista, Christian Bale y sus 55 kilos

O la de Aitana Sánchez-Gijón como camarera de bar de aeropuerto. O la del thriller industrial con problemas de insomnio. Pero no, porque al final la película es Trevor Reznik, y él es la película. Su falta sistemática de sueño, su preocupante pérdida de peso, su incapacidad para prestar atención, sus alucinaciones y un problema en la fábrica en la que trabaja, que deja a un compañero sin brazo. A partir de aquí, además de las miserias físicas que ya nos muestra la pantalla desde el primer minuto, se abre el camino hacia la demencia y la miseria moral. Una pesadilla de 101 minutos tras la que querrás quitarte de encima el sudor, el polvo, el aceite… y esa inevitable sensación de mezquindad que desarrolla en ocasiones el ser humano, algo que te va a costar mucho quitarte de encima

El Club de la Lucha, rompiendo la línea entre la realidad y la ficción

Si nunca te has peleado, no vayas a hacerlo ahora. Nosotros te lo ponemos fácil recomendándote una película que te va a dejar escupiendo sangre. Una obra maestra que también gira en torno al insomnio, las visiones y los trastornos mentales, pero en la que se llega más allá en todo de una forma tan realista que hace que uno acabe teniendo miedo de sí mismo. Un tipo normal (Edward Norton) con problemas para conciliar el sueño y con cierta tendencia a abusar de los medicamentos, los grupos de autoayuda y la evasión mental por medio de la autolesión acaba liderando, sin siquiera saberlo él mismo, un grupo pseudoterrorista con base fascista cuyos únicos momentos de hermanamiento aparecen en peleas clandestinas a puño desnudo en las que ellos mismos son los participantes.

Férreas normas internas, existencia sólo en un plano paralelo a la realidad cotidiana, mutismo acerca de los integrantes y una figura que se alza por encima de todos: Tyler Durden (Brad Pitt), amigo, proyección, sombra, alter ego… o el mismísimo protagonista desdoblado en sí mismo. Una película en la que, entre golpe y golpe, David Fincher te obliga a elegir bando entre Pitt y Norton, para acabar saltándote los dientes con un giro frente a un espejo.

Náufrago, Tom Hanks y un balón llamado Wilson

Uno de los ejemplos más flagrantes de product placement en el cine con FedEx y Wilson ejerciendo de patrocinadores oficiosos de la película y, a la vez, una de las interpretaciones más brillantes que se recuerdan. Tom Hanks tuvo que aceptar, durante los ocho meses de rodaje, que su cuerpo y su mente se iban viendo perjudicados por culpa de los cuatro años que el protagonista permanecía perdido en una isla desierta. Barba, color de piel y hambre que bien recuerdan a ‘realities’ televisivos más actuales, pero con un Hanks colosal y creíble, solo acompañado de un amigo imaginario con forma de balón de vóley.

Con su actuación, te zambulle en la creencia de que tú estás allí con él, tan solo, tan sucio, tan desesperado como él. Tal vez con un poco menos de destreza, y seguro que con mucha menos suerte como la fortuna final que le sonrió a él. Quién hubiera visto la bañera del bueno de Tom tras su primer baño post-salvación…

Crank, el tío que folla, mata y corre al mismo tiempo

¿Cuál es el colmo de un asesino a sueldo? Que le intenten matar a ritmo lento. La idea principal de una mala película con peores actuaciones pero una gran idea bajo la superficie: crear un filme de acción sin descanso durante los 87 minutos que dura. Chev Chelios (Jason Statham) despierta y descubre que le han envenenado. Si no hace nada, morirá en una hora; si quiere vivir, necesita mantener sus niveles de adrenalina muy por encima de lo que un médico consideraría incluso peligroso. A partir de aquí se abre en canal la madriguera de lo surrealista, y se introduce en el agujero todo lo que cualquier loco haría para subir sus pulsaciones: follar, correr, matar a asiáticos, darse sesiones de electro shock en vida, volver a matar a asiáticos y volver a correr. Una experiencia que, si aguantas entera sin hartarte, te acabará haciendo sudar. Literalmente. De cansancio y de vergüenza.