Las 5 Lecciones De 'La Vida De Pi'

La Vida de Pi de Ang Lee es una de las más serias y emotivas reflexiones que ha dado el cine en los últimos años. Sus espectaculares y fantásticas imágenes esconden una compleja narración que puede enriquecer la perspectiva con la que vemos las cosas. Éstas son cinco de las infinitas lecciones que ofrece La Vida de Pi:

El ser humano necesita la compañía

Las personas son capaces de poner en riesgo su vida por ella. ¿Qué sería del viaje de Pi sin la presencia del Tigre Richard Parker? El animal es un peligro para él y, por eso, infinidad de veces intenta deshacerse del felino. Sin embargo, el viaje les une y Pi, poco a poco, lo acepta. Digamos que prefiere el miedo a la soledad, cosa que no ocurre en el tigre. El contraste entre el mundo humano y el animal solo pone de manifiesto que el segundo siempre constituirá un misterio. Un tigre de Bengala es tan impenetrable como Dios. A todos, al igual que a Pi, se nos quedó una cara de incredulidad y pena cuando vimos cómo el tigre desaparece entre la selva tras llegar a tierra.


Para sobrevivir hay que superar los miedos

Pi se convierte en una persona con una gran historia gracias a que venció sus miedos. Además de verse solo y huérfano, náufrago en medio del océano y en compañía de un tigre salvaje, decide tirar hacia delante haciendo caso a su instinto de supervivencia y fe. Al final, en lugar de permanecer en la pequeña y frágil balsa creada por él, opta por pensar e intentar domar al tigre para que cada uno respete su territorio dentro de la barca. La fuerza de superación es lo que nos hace ser valientes.


Ante la falta de respuestas, cree en más de un Dios

Pi se cría como hindú, pero a los catorce años de edad entra en contacto con el cristianismo y el Islam, y empieza a seguir a las tres religiones, puesto que su misión es "amar a Dios”. Mediante la mezcla trata de entender a Dios y sacar los beneficios de cada una, ya que no se siente identificado del todo con su primera religión. "Si crees en todo, acabarás por no creer en nada", le advierte cauteloso su padre. Sin embargo, Pi posteriormente dice en la película: “La duda es necesaria, porque mantiene la fe viva”.


Duda de lo que veas con tus propios ojos

La película te invita a creer en toda clase de cosas maravillosas y fantásticas, pero también puede provocar que dudes de lo que ves con tus propios ojos. La Vida de Pi sugiere que la realidad solo puede concebirse como un cuento, puesto que las cosas se constituyen a base de nuestra experiencia, adoptando las formas que les adjudicamos y que transformamos. Es decir que somos lo que somos por el relato que elaboramos sobre nosotros mismos entre la vigilia y el sueño; un estado que, al fin y al cabo, es la propia existencia.

El filme de Ang Lee es un soberbio ejemplo de lo necesario que es a veces recurrir a la abstracción para afrontar la crudeza de lo real. Si contemplas el último fotograma, La Vida de Pi vuelve a contarse. Distinta, pero igual de bella, conmovedora y áspera. Como bien simboliza la isla poblada por suricatos, lo ideal no existe, es una ilusión óptica. Por la noche todo lo que parecía el paraíso puede convertirse en una selva de plantas carnívoras.


Necesitamos historias

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El ser humano siempre ha sido, por naturaleza, un contador de historias. Nos gustan. Y si son bien narradas como La Vida de Pi, más. Ahora bien, hay que tener en cuenta que a lo largo de la historia de la humanidad, las hemos ido variando según nuestra percepción y experiencia. Por eso mismo, al final de la película, Pi y el escritor que va a contar su vida en un libro tienen una interesante conversación. Pi, tras contarle las dos historias de lo que pudo ser aquel suceso, le pregunta al escritor: “¿Qué historia elige?”, y el escritor le responde: “la segunda”, a lo que Pi le replica “lo mismo hacemos con Dios”.

Y tú, ¿con qué historia te quedas?