4 razones por las que no volveré a ver Cómo conocí a vuestra madre

Tengo que reconocerlo: Cómo conocí a vuestra madre fue durante muchísimos años mi serie de televisión de cabecera. Esa que te pones cuando cenas o de fondo mientras te vas quedando dormidito en el sofá. Esa que eleva tus niveles de dopamina por las nubes sin necesidad de hacerte pensar demasiado. Esa fácilmente digerible que te hace sentir como si estuvieras en casa. Sé que entendéis de lo que estoy hablando porque probablemente vosotros estuvieseis tan enamorados de las aventuras de Ted y compañía como lo estuve yo. Es más, seguro que algunos de vosotros, años después de que acabara, todavía seguís siendo fans incondicionales de la serie.

No es mi caso. Aunque es cierto que ningún amor muere del todo, volver a ver estos días episodios de Cómo conocí a vuestra madre ha despertado en mí sensaciones inéditas. Como cuando vuelves con tu ex después de pasar mucho tiempo separados y, aunque parezca que sí, que te gusta tanto como te gustaba antes, en el fondo sientes que ya no es lo mismo. Y la mayoría de veces no es cosa de tu ex: eres tú, tú has cambiado para siempre. Esto es lo que suele ocurrir con muchas obras artísticas que nos fliparon alguna vez: ellas permanecen tal cual, pero nosotros crecemos emocionalmente y vemos el mundo de un modo totalmente diferente a entonces.

Por eso, y por curiosidad, decidí profundizar hasta descubrir cuáles eran las principales razones por las que mi cabeza había comenzado a desamar —e incluso aborrecer— algo que quise tanto y durante tanto tiempo como es Cómo conocí a vuestra madre. Y, después de enchufarme varios capítulos en bucle, estos fueron los resultados:

Barney Stinson

Sí, durante temporadas y temporadas se convirtió en la salsa de nuestra vida. Un personaje tremendamente peculiar interpretado por el encantador Neil Patrick que lograba sacarnos una sonrisa cada vez que abría la boca. Sin embargo, observarlo ahora es la prueba irrefutable de que el tiempo pasa para todos: su actitud fucker, su incurable machismo y su infinito egocentrismo han dejado de hacer gracia. Y no, no porque hayamos entrado en la dictadura de lo políticamente correcto, como claman algunos. Simplemente aquel humor murió de tanto usarlo. Ya no funciona. Ya no sorprende. El mundo ha cambiado. Y Barney Stinson es parte del pasado.

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Ted Mosby

Una versión hiperempalagosa del Ross de Friends, nuestro querido Ted Mosby fue siempre un personaje difícil de encajar: a veces empatizabas con él y otras te daban ganas de soltarle un par de buenas o****s. Con el tiempo, todo aquello que solía sacarnos de quicio del protagonista de Cómo conocí a vuestra madre no ha hecho sino multiplicar su efecto: su absoluta dependencia del amor para ser feliz, su afán planificador y absoluta falta de fluidez, su predilección por los dramas, su carácter autocompasivo y, por encima de todo, esa percepción de que la pareja perfecta es aquella que, simplemente, comparte tus aficiones. No puedes madurar sin darte cuenta de lo inmaduro que fue siempre Ted.

El final de la serie

Cuando la serie llegó a su fin el 31 de marzo de 2014, alrededor de la mitad de los seguidores de la serie quedó muy decepcionada e intensamente furiosa con los guionistas por la forma en la que habían decidido cerrar la historia. Y es que parecía una broma, el juego sucio definitivo. La otra mitad, más benévola, pasamos por encima de aquello y seguimos conservando a Cómo conocí a vuestra madre en nuestra lista de sitcoms favoritas. No obstante, con cada visionado, con cada ocasión en que nos topamos con los vaivenes emocionales de Ted y Robin, nos resulta más complicado no cogerle tirria a la serie. Porque, efectivamente, después de la que dieron con la dichosa madre, aquel final parece broma.

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Las mujeres

A excepción de los personajes más recurrentes, y con Robin Scherbatsky como contrapunto, la gran mayoría de personajes femeninos que aparecen de forma esporádica en Cómo conocí a vuestra madre son arquetipos insultantes que parecen salidos de un chiste de Los Morancos: desequilibradas como el personaje de Jeanette, atontadas como los personajes de Becky y Honey, o absurdamente ingenuas como la infinita lista de chicas a las que conquista o trata de conquistar Barney Stinson. De nuevo, no es una cuestión de censura moral. Es cutre, desfasado y muy aburrido. Sencillamente no tiene gracia.

Hay amores que, queramos o no, nos resistamos o no, van muriendo poco a poco. Pero tú tranquil@, porque siempre aparecen amores nuevos y mejores.