4 pueblos perdidos sin cobertura de móvil para desconectar del todo (y de verdad) 

Hay veces que para desconectar de la rutina hay que tomar medidas drásticas. No digo que para desengancharse del teléfono móvil haya que deshacerse de él, pisotearlo y lanzarlo por un barranco. Pero lo que sí que hay que hacer es alejarse de todo lo que estresa la cabeza y, si es posible, dejar voluntariamente el teléfono en casa para escaparse a un lugar fuera de cobertura.  El objetivo: estar incomunicados y que el móvil pase a un segundo, tercer o cuarto plano. 

Desconexión extrema en Miravete de la Sierra (Teruel)

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Su estado natural es estar incomunicados. En los alrededores lo conocen como el pueblo donde nunca ocurre nada, una pequeña aldea inerte que vive al margen de las nuevas tecnologías. De hecho, la antena más cercana se encuentra a 5 kilómetros de allí y, claro, la señal llega a duras penas. Este lugar no es rentable para las empresas de telefonía móvil, si tenemos en cuenta que la población es de 7 habitantes en invierno y que el más joven peina canas. En Miravete de la Sierra quedarán atrás los whatssaps y las redes sociales.

Aléjate de todo en Vega del Castillo (Zamora)

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Sin ADSL, sin 3G, ni 4G, ni wifi. Aquí si te haces un selfie en medio de la montaña y quieres publicarlo en Facebook vas a tener que irte hasta Muelas de los Caballeros, a 8 kilómetros de este particular pueblecito que pertenece al municipio de Espadañedo. Quienes viven y veranean en él cuentan que una vez entras en contacto con todo lo que tiene que ofrecerte, tener o no cobertura del móvil deja de ser importante. No hay cabinas, no hay tiendas, no hay discotecas. Lo que sí hay es olor a aire puro, estrellas que están tan cerca que puedes tocar casi con las manos y casitas empedradas llenas de gente que no necesita la tecnología para ser feliz.

Descubre tu 'yo' en Umbralejo (Guadalajara)

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En pleno bosque de pinos salvajes, podemos decir que estamos ante un pueblo recóndito. La naturaleza esconde unas 60 viviendas de pizarra negra que descansan en las faldas del Pico Ocejón. Dejad de buscar. Sí, habéis llegado. En Umbralejo se pararon los relojes hace años, así que no hay lujos, no hay antenas de televisión, no hay coches, no hay hoteles, no hay restaurantes, no hay tiendas y, por supuesto, tampoco hay cobertura móvil. Es un pueblo a la vieja usanza, un pueblo en estado puro.

Doiras, un pueblo anclado en el pasado (Lugo)

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¿Os imagináis un pueblo en el que los móviles y los ordenadores están fuera de lugar? Es fácil desconectar en los aledaños del Castillo de Doiras, en Lugo, despojarse de lo material y viajar a este enclave natural lejos de las ondas. Para quienes viven en las grandes urbes, eso no tiene precio. Un lugar de ensueño para los viajeros y un espacio de desconexión que –en muchos casos- para los vecinos es un castigo.