4 grandes verdades de 'Quiéreme si te atreves'. ¿Capaz o incapaz?

“¿Capaz o incapaz?”. Esta frase que resuena en la cabeza de más de una (y de uno) es la más repetida en la que bien podría ser la obra maestra de Yann Samuell. Guillaume Canet y Marion Cotillard aparecen viviendo un romance al más puro estilo gabacho... ¿qué más se puede pedir? Pero eso no es lo mejor de esta película, lo mejor es ese final abierto que allá cada cual interprete a su manera.

He aquí uno de los motivos por los que esta película es la preferida de morenas, rubias, pelirrojas y teñidas (y aquí no quiero excluir ningún tipo de género, eh, chicos). ‘Quiéreme si te atreves’ nos enseñó, entre otras cosas, que si quieres puedes, y esto, amigos míos, es una verdad como un templo, aplicable a facetas varias de la vida. Así que tomen nota, que aquí van cuatro verdades más:

De la amistad al amor hay un paso

Creo que esta era bastante obvia. Dicen que el roce hace el cariño y, obviamente, si nos rozamos mucho, al final pasa lo que pasa. Pero ojo al dato, esto puede salirte bien, salirte mal o salirte regular y no saber cómo acaba, como les ocurre a nuestros queridos protas. Aunque aptas para todos los públicos, este tipo de historias no son recomendadas para menores de 18 años, porque en más de una ocasión y de dos, e incluso de tres, pueden llevar a confusión y a trastornos psicológicos varios que harán mella en ambos individuos, así que vigilen sus amistades…


El amor es un juego de dos

Mi madre siempre dice eso de “dos no riñen si uno no quiere”, y ‘Quiéreme si te atreves’ es todo un ejemplo. Putadas una detrás de otra es lo que se hacen estos protagonistas a lo largo de hora y media de película. Y si el amor hace tanto daño en hora y media, ¿qué podemos esperar en años de relación en una vida real “no francesa”?


La vie en rose

Este maravilloso/grandioso/colorido tema es la canción oficial de la película, una canción que con solo escucharla dan ganas de levantarte en el metro, bailar y dejarle tu sitio a alguna de las veinte personas ansiosas por aposentar sus culos en los incómodos asientos de un vagón lleno de gente con pocas ganas de ir a trabajar. Este motivo me parece musicalmente clave para ver la película, porque al final la vida hay que verla de colores, y el rosa, amigos míos, mola.


Capaz o incapaz

El amor es un juego, y esta es tan solo una prueba más de ello. Una prueba bonita, francesa y algo exagerada de una historia que podría ser real (salvo excepciones, claro, porque a nadie le entierran , le cubren de cemento y vive para contarlo). Capaz o incapaz es la metáfora del me quiere no me quiere, una sutil comparación en la que se ve reflejado que, como en toda relación, hay altibajos, pero al final, siempre se es CAPAZ. Así que os quiero preguntar: ¿capaz o incapaz?