3 razones por las que amar u odiar definitivamente a Christopher Nolan

Con el reciente estreno de Dunkerque, Christopher Nolan vuelve a ocupar los titulares de la crítica internacional. El aplauso es casi unánime, y aunque nosotros tenemos ciertas reservas, lo cierto es que es uno de los mejores trabajos del director en años, en gran parte gracias al acierto que supone alejarse de la idea clásica de trama o de personajes para concentrarse en su punto fuerte: una estructura compleja pero sólida, que atrapa al espectador sin que este se dé cuenta gracias al nervio de su acción.

Sin embargo, el protagonismo tiene cosas buenas y malas, especialmente para una figura tan controvertida como el cineasta británico. Y es que cada vez que estrena una nueva película, Nolan se convierte en el centro de un debate acalorado en el que no abundan las medias tintas: ¿Se trata de una obra maestra o es su peor película? ¿Es un visionario del medio o tan solo un mediocre pretencioso y sobrevalorado? Nosotros hemos querido ser un poco más imparciales y elaborar una lista de pros y contras, para que vosotros le deis unas vueltas en casa. Comencemos.

Pro nº 1. Su estilo no entiende de géneros

Algunos aseguran que Nolan pertenece a un linaje de cineastas colosales como Stanley Kubrick, Howard Hawks o Francis Ford Coppola. Aunque hay que coger con pinzas esta afirmación, lo cierto es que algo de verdad encierra: todos estos cineastas han pasado a definirse más por un estilo – ya sea desde la puesta en escena o desde el guión – que por reincidir en una batería cerrada de temas. Nolan no se acomoda dentro de las reglas establecidas de un determinado género, sino que salta entre ellos, adaptándose con mejores o peores resultados pero sin perder un ápice de autenticidad: desde el thriller de sus primeras obras a la ciencia ficción, o al filme de atracos camuflado que es Origen.

Contra nº1. El llamado 'efecto Nolan'

A El caballero oscuro debemos en gran parte la re-popularización del cine de superhéroes. Que eso sea algo buen depende de a quién preguntes, pero lo cierto es que Nolan consiguió que nos comenzáramos a tomar en serio un género que por aquel entonces era mayoritariamente percibido como un producto familiar y de baja calidad. Así que, a partir de entonces, otras películas – no solo de superhéroes – comenzaron a imitarle. Y así nació el 'efecto Nolan', con una serie de tics tan fáciles de reconocer que se han convertido en blanco fácil de las bromas de los cinéfilos. A saber: constantes saltos temporales, diálogos pomposos entre personajes que se informan de cosas que ya saben, la acumulación de giros argumentales. En suma, hacen suya la máxima “si es complejo y se toma en serio a sí mismo, es bueno”.

Pro nº 2. Es un director riguroso

Hay pocas figuras a día de hoy capaces de aunar los adjetivos 'entretenido' e 'inteligente' como el que hoy nos ocupa. Sus filmes son espectaculares, sí, pero también evidencian la huella de un director seguro de sí mismo, que sabe utilizar sus medios y que, además, es un aficionado del detalle. Esto se percibe en su capacidad por construir narrativas complejas pero relativamente fáciles de seguir, como en Origen, pero también en la búsqueda de autenticidad más allá de la ficción. Esto es especialmente notable en Interstellar, filme espacial y de viajes en el tiempo que ha recibido comentarios entusiastas de figuras destacadas en el ámbito científico.

Contra nº2. Le falta humanidad

Aunque el protagonismo en sus filmes recae más bien en la construcción del argumento, con sus múltiples intrigas y malabarismos narrativos, lo cierto es que, sobre todo a partir de su primer filme en la trilogía de Batman, Nolan otorga una gran importancia a sus personajes. Y es aquí donde aparece el gran talón de Aquiles del cineasta: es incapaz de recrear emociones reales. Su cine está tan entregado a discursos altisonantes y a explicaciones verbosas que a día de hoy no ha conseguido un personaje legítimamente redondo. Las películas que más se salvan de esto son precisamente las que integran su dimensión emocional dentro de la dialéctica del género, como Origen o Memento.

Pro nº3. Nos dio a conocer a su hermano

Aunque Jonathan Nolan no es ningún desconocido, lo cierto es que cuando escuchamos el apellido tendemos a pensar en su hermano mayor, más inclinado a la egolatría. Lo cierto es que Jonathan no vive precisamente a la sombra de Christopher, ya que su firma se encuentra en dos series tan conocidas como Person of Interest o Westworld, y se encuentra en proceso de adaptar Fundación, la legendaria trilogía de Isaac Asimov. Y aunque no dudamos de su talento: ¿alguien puede dudar que no gozaría de su posición si no fuera por el magnífico trabajo realizado con su hermano? Desde la brillante premisa de Memento, que surge de un relato suyo, a los guiones de la trilogía de El caballero oscuro, en los que demostró que el cine de superhéroes también podía ser político, lo cierto es que algunos de los momentos dulces de la carrera de Christopher son de la mano de su hermano.

Contra nº3. Es un poco 'bocachancla'

Dentro del círculo de cineastas ‘autores’ instalados en Hollywood existe el subgrupo de los llamados puristas, vocales defensores de los dos principales instrumentos que hicieron a la era dorada del cine grande: grabar en celuloide y ver las películas en el cine. Dentro de este grupo hay gente razonable, como Paul Thomas Anderson —que estrenó The Master en 70mm mucho antes de que se convirtiese en moda— a otros más controvertidos. En este último grupo entrarían Quentin Tarantino, o nuestro director. No bastándoles rodar y estrenar sus películas como ellos quieren, de vez en cuando irrumpen en algún monólogo más bien rancio. Hace apenas un par de semanas, se hizo célebre la entrevista en que Nolan decía que las películas de Netflix “no eran películas”, y que, si no se ve sentado en una butaca y a oscuras, no es cine. Ver para creer.