Las 21 Maravillas Del Mundo Que Deberías Añadir A Tu Itinerario

En un poema del siglo II a.C, el griego Antípatro de Sidón alababa las Siete maravillas del mundo. No es el creador de dicha lista, pero sí el primer texto íntegro donde se nos habla de siete grandes monumentos existentes en torno al siglo III a.C.

De entre aquellas siete maravillas, entre las que figuraban los Jardines Colgantes de Babilonia, (actual Irak), el Templo de Artemisa en Éfeso (Turquía), la Estatua de Zeus en Olimpia (Grecia), el Mausoleo de Halicarnaso (Turquía), el Coloso de Rodas (Grecia), el Faro de Alejandría (Egipto); y la Gran pirámide de Giza (Egipto), solo se conserva esta última, la que, paradójicamente, es la más antigua de todas.

En el año 2000 el cineasta suizo Bernard Weber se propuso crear una empresa que buscara las Siete Maravillas del Mundo Moderno. Para ello, se evaluaron cerca de 200 monumentos de todo el mundo durante 7 años. Cerca de 100 millones de personas votaron vía internet o telefónica y se eligieron 21 monumentos finalistas.

Partiendo desde la honorífica y anciana Pirámide de Giza, en Egipto, cruzamos el Sinaí, hacia Jordania, para contemplar Petra, una ciudad enteramente esculpida en roca. Seguimos hacia el norte para admirar la magnificencia bizantina de Santa Sofía de Constantinopla (Estambul, Turquía), antes de volver en dirección oeste, primero hacia la Acrópolis (Atenas, Grecia), que vio resurgir una ciudad y pelear a una nación, y después hacia el Coliseo de Roma (Italia), símbolo de un Imperio que gobernó todas y cada una de las riveras del Mediterráneo.

Sin abandonar el Mare nostrum, nos adentramos en tierras españolas para contemplar la Alhambra de Granada, huella imborrable del pasado multicultural de la península. Avanzaremos entonces por el norte para situarnos frente a la Torre Eiffel, que iba a ser derruida antes de convertirse en el auténtico símbolo de Francia. Cruzamos el Canal de la Macha y la magia nos envuelve en Stonehenge, el megalito que observa el mundo desde hace 22 siglos en el Reino Unido. Y, solo si viramos nuestro rumbo hacia el este, podremos acabar en Alemania, en el Castillo Neuschwanstein, un palacio medieval idealizado según el siglo XIX y que sirvió a Walt Disney de inspiración para su castillo.

A la búsqueda del lugar donde nace el sol, nuestros pasos nos llevan a la plaza roja de Moscú, en Rusia, donde se erige la Catedral de San Basilio, que combatió el frío con color. Cruzaremos las estepas rusas y atravesaremos la frontera china para recorrer la Gran Muralla de 21.196 km de longitud, antes de acabar en el archipiélago japonés, admirando el conjunto de templo budista de Kiyomizu-dera, en Kioto. Surcando el Pacífico pasaremos por Camboya, donde bajo el nombre de Angkor Wat se sitúa la mayor estructura religiosa jamás construida y, ahora a través del Índico, llegaremos al Taj Mahal, símbolo de la India y que, dicen, fue construido por amor.

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Nuestro vuelo nos lleva ahora a Australia, pero con una escala un tanto desviada en África,  más concretamente en Tombuctú (Mali), donde se sitúa la Mezquita de arena de Djingareyber. Ahora sí, y tras largas horas de vuelo, podemos admirar la Ópera de Sidney, que parece más obra del mar que de los hombres y nos anima a embarcarnos de nuevo hacia la isla de Pascua, en Chile, para descubrir el significado de los enigmáticos Moáis de la isla polinesia.

Rano Raraku

La última etapa de nuestro viaje se lleva a cabo en el continente americano. De sur a norte podemos admirar el Cristo Redentor de Río de Janeiro, que observa Brasil desde las alturas; la ciudad de Machu Pichu, en Perú, obra maestra de la arquitectura e ingeniería de su tiempo; el conjunto arqueológico de Chichén Itzá, en la Península del Yucatán (México), que es el vestigio más importante de la enigmática civilización maya; y, finalmente, la Estatua de la Libertad, en Nueva York (Estados unidos), que es símbolo indiscutible de la, por ahora, primera potencia mundial.

El 7 de julio de 2007 se dio a conocer el resultado en la ciudad de Lisboa, presentando a las que habían sido elegidas como las Siete Maravillas del Mundo Moderno: Chichén Itzá, el Coliseo, el Cristo Redentor, La Gran Muralla China, Machu Pichu, Petra y el Taj Mahal. Muchas grandes obras quedaron excluidas y el concurso fue acusado de “nada científico”, dados los criterios democráticos utilizados para la elección de las maravillas. La subjetividad estaba asegurada, pues lo que es una maravilla para unos, no pasa de una mera curiosidad para otros. Pero, sin embargo, y si tenemos en cuenta los 21 monumentos elegidos y no los 7 escasos que figuraron como maravilla, se presenta ante nosotros un nuevo itinerario de viaje que nos lleva por todo el globo en busca de aquellas huellas que dejó el hombre en su breve paso por la tierra.

Es hora de hacer las maletas.