Las 16 Frases Más Típicas Del Gimnasio

Quien más, quien menos, todos hemos pisado en alguna que otra ocasión el gimnasio. Quizás eres de los/las que va cada día y está para untar en mantequilla o quizás eres de los/las que paga la cuota religiosamente pero solo lo pisa un par de veces al mes, una de las cuales para ir única y exclusivamente a la zona del jacuzzi y la sauna. Bien, este dato no es relevante en el tema que nos ocupa, ya que hoy haré un pequeño recopilatorio con las típicas frases de gimnasio, las cuales habrás oído tanto si eres un asiduo al gym como si no. Veamos algunas de las perlas que sueltan los típicos personajes que mucho posturean y poco musculan.

“¿Piernas? ¿Para qué? Si yo ya corro y hago bici. Además, no se ven”.

Vale, amigo, disculpa que dude de ti, pero me da a mí que no es lo mismo echarse unos kilómetros que levantar 100, 120 o hasta 200 kilos con la potencia de tus propios cuádriceps en varias series. A ver si por chulo vas a acabar teniendo torso de Schwarzenegger y piernas de gallina (que, por cierto, representan el 30% del cuerpo, dicho sea de paso…).


“Me quiero poner cachas, pero no como ese culturista de ahí, ¿sabes?”

Joder, macho, manda huevos. Ahora resulta que es tan fácil esculpir el cuerpo de Rafa Mora que ya hay quien se permite el lujo de pensar que no quiere sacar tanto pecho ni tanto bíceps. ¡A ver cuánto duras en el gym, piltrafilla!


“El primo del amigo de la hermana de mi tía abuela segunda que vive en el mismo pueblo que el hermanastro de mi vecina levanta mucho más peso que tú”.

¡Felicítalo de mis partes!


“Voy cada día al gimnasio, pero no bajo de peso…”.

Bien, veamos. Quizás es porque pedaleas con menos intensidad que un caracol con el periódico en mano cuando se supone que haces bici. Esa podría ser una razón. Otra podría ser todo el festival de comida que te das después de haber entrenado, ya que hay seres que se ‘recompensan’ con suculentos y grasientos manjares tras una sesión de gym

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“Este tío se pasa aquí todo el día. Normal que esté así de fuerte…”.

Quizás es que el tipo mantiene una constancia que tú no tienes y se lo toma en serio. O puede que se chute, una de dos.


“Este se chuta asteroides de esos”.

Sí, ¡se mete la galaxia entera! Y encima no deja ni una sola migaja para el resto, el muy mamón.


“Es que a mi novia no le gusta que se me marquen tanto los músculos”.

Lo que no le va a gustar es que desarrolles el abdominal único, ese que los domina a todos (como el anillo de El Señor de los Anillos). Empieza a eliminar esa barriga cervecera o tu relación tiene los días contados.


"A mí me ha dicho el monitor que lo haga así”.

Esto suele decirlo el típico que tiene los brazos como las patas de un periquito y que, además de cargar un peso que no levantará ni con su propia mente, está a punto de romperse por todas partes a la hora de levantar la barra.


“¿Estás usando la máquina?”.

Y vas y se lo dices al típico que tiene un músculo más grande que tu cabeza, en ocasiones incluso para entablar una conversación con él y hacerte amigo del tío molón del gym. Pero teniendo en cuenta que es evidente que está utilizando la jodida máquina, lo único que te llevarás es un: “¿tú qué crees?”.


“No, si yo solo vengo para mantenerme en forma, no quiero muscular”.

Eso te lo dice el mismo tipo al que luego ves como loco intentando levantar pesas con las que apenas puede hacer dos repeticiones, mirando a un lado y a otro intentando buscar una mirada de complicidad de alguno que le siga el rollo y que se sorprenda con sus ‘progresos’.


“Hoy haré un poco de cardio y ya está, que he tenido un día muy duro en el curro”.

Este es el típico que suelta esta frase un par de días a la semana para evitar tener que coger una pesa. Teniendo en cuenta que luego no va el resto de la semana, se pone 10 minutos sobre la cinta y, a partir de su propio argumento, decide abandonar el gym apenas media hora después de haber entrado. Eso sí, su satisfacción por el compromiso que tiene con el gym es incuestionable.


“Vendré cuatro días a la semana y en tres meses estaré fuerte”.

Suerte en la vida. En tres meses nos volvemos a ver y me dices si has acabado viniendo esos cuatro días a la semana que decías y por qué estás en peor forma que antes.


“Los abdominales no se me marcan porque tengo mala genética”.

¡Fofisano a la vista!

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Fuente: geceka.com


“No, si yo no me meto nada”.

Permíteme que lo dude, querido Sylvester Stallone. Más que nada porque tienes un brazo como una pelota de baloncesto.


“¿Para qué haces gemelos? ¡Con tu propio peso ya se ponen como rocas!”.

Mi abuela pesa más de 100 kilos y lo único que tiene es pantobillo.


“Ya lo he decidido, me pondré fuerte en tres semanas. ¿Qué necesito?”.

Un milagro.