Los 11 secretos que un adicto al gimnasio no revelaría jamás

Admítelo, no lavas las camiseta cada día y eres adicto a ese batido que al principio te parecía un asco

El mundillo de los gimnasios es particular. Cada cual tiene su rutina, sus vicios y acude a él con distintos tipos de objetivos: tonificar, subir de peso, adelgazar... En definitiva, cada cual lo usa de forma diferente. Así, se pueden dividir las personas que acuden a estos centros deportivos: están los ciclados, el típico que se acaba de apuntar, el que lleva un mes y parece que lleva toda la vida, el que va solo a las clases de yoga, los esperpénticos de zumba y el que se nota que va allí solo a ducharse. Unos van porque pagan, otros pagan pero no van, otros sufren, otros lo disfrutan, otros los usan para desconectar. 

Las rutinas son diferentes según el tipo de persona. Algunos se descargan programas de Internet y hacen los ejercicios por su cuenta, otros prefieren solo acudir a las clases (equilibrando los entrenamientos del tronco superior y el inferior), otros van a hacer exclusivamente cardio (con ejercicios destinados, casi en su totalidad, a quemar grasas) y hay quienes se buscan un entrenador personal, también para obligarse a tener una disciplina (o para ligar) y una constancia que les de algún tipo de resultado en el futuro. Eso sí, cualquiera que vaya al gimnasio tiene sus secretos. Estos son los 11 que, según la revista Shape, nunca compartirías.

1. Si tienes toda la ropa sucia, repites camiseta aunque vayas ahuyentando a todo el que se acerque a ti. Repites la que usaste a principios de semana o justo la del día anterior, depende la peste que eche cada una.

2. Tienes ese rincón para hacer abdominales y si te lo quitan te da una rabia que te quita las ganas de seguir haciendo pesas. La rabia viene porque, a veces, en ese dichoso rincón se ponen a estirar dos amigxs mientras hablan y miran el móvil.

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3. Eres capaz de decir que no puedes tomarte unas birras con tus amigxs porque tienes esa cita ineludible contigo mismx en el gimnasio y, obviamente, prefieres llegar tarde a una cena que saltarte los entrenamientos. Cuando empiezas con la disciplina prefieres ir a tope aunque te estés muriendo de ganas de ir a echarte algo con tu grupito de siempre.

4. Has dejado a alguien que empezaba a gustarte porque te has dado cuenta que no ha pisado un gimnasio en su vida. Entendemos tu pasión pero podrías ser menos exigente en este aspecto: hay muchísimas personas estupendas que ni necesitan entrenamiento ni les apetece hacerlo.

5. Así que... cuando vas al gym también te pasas la tarde divisando posibles 'match' en la sala de pesas. De hecho, te obsesiona la idea de enamorarte de alguien que tenga la misma inquietud que tú por estar en forma.

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6. La ropa de gimnasio y las deportivas son la segunda partida de tu presupuesto mensual, solo por detrás del alquiler. Sí, tienes más zapatillas de entreno que zapatos para ir a trabajar, cada vez que vas de compras, terminas llevándote el modelito perfecto para el gym y pasas de comprarte todas las otras prendas básicas que realmente necesitas.

7.  Y como tus modelitos te quedan tan bien, te miras de reojo cada vez que te reflejas en un espejo, un cristal o una barra de pole dance. Y, de paso, aprovechas para ver cómo avanza tu musculación.

8. No sabes quién es la influencer Hey Zulu pero te conoces de memoria a los conocidos del gym. Es más la comunidad instagramer de gimnasios es como tu barrio... y tus amigxs ya no soportan ver tus selfies marcando bíceps disimuladamente.

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9. Si un día te pierdes tu sesión te da una especie de mareo: te agobias, piensas que todo el trabajo no ha tenido sentido para nada y aprovechas ese día para ir caminando a todas partes e incluso hacer algunos mini ejercicios en tu casa antes de ir a la cama.

10. Y si un día no tienes mucho plan, puedes ir al gimnasio hasta dos veces. Haces tu rutina de siempre y aprovechas para probar algo nuevo: una clase, una sesión de spa, natación o, para finalizar el entrenamiento, un buen rato en la sauna.

11. Esas proteínas que al principio te daban asco empezaron a gustarte más de la cuenta y hasta a veces es lo único que tomas para cenar. Y sí, también haces eso de llevarlas en la mochila para prepararte el batido en el curro o en un rato que tengas libre y alardear de la vida tan healthy que llevas.