10 películas brutales que ganaron el Festival de Cannes y tienes que ver cuanto antes

Estamos en la recta final del Festival de Cannes. Cada año, la ciudad francesa acoge a algunas de las estrellas más brillantes de Hollywood y las pone a pasear junto a realizadores y musas del cine de autor. Igual que su alfombra roja, las películas premiadas en Cannes son una bonita mezcla de creadores consolidados y talentos emergentes de todo el mundo.

Aprovechando la 70ª edición del festival, vamos a repasar algunos títulos ganadores de la Palma de Oro que quizás no conozcas y debes conocer si quieres hacer tus deberes de cinéfilo. Vale que hayas visto Taxi Driver o Pulp Fiction, incluso clásicos como La Dolce Vita o Viridiana, pero ahora toca pasar a nivel avanzado.

Kagemusha, la sombra de un guerrero (Akira Kurosawa, 1980)

Vamos a ser buenos y no bucearemos más allá de los años 80 para no desanimar a los principiantes. Uno de los maestros de la historia del cine estrenó ese año una de sus últimas películas. Un filme bélico que se centra en la guerra entre clanes japoneses del siglo XVI. Takeda, el señor más poderoso de Japón, intenta asaltar el castillo de Noda. Su objetivo último, conquistar Kyoto, la capital.

París, Texas (Win Wenders, 1984)

Se dice que esta película dio el pistoletazo de salida al cine contemporáneo. En París, estado de Texas, un hombre al borde de la deshidratación y completamente amnésico entra en un bar en medio del desierto. Se desmaya. La policía contacta a su hermano, quien vendrá a buscarlo desde Los Ángeles para reunirlo de nuevo con su hijo. La película, una reflexión sobre el desarraigo y la destrucción de la familia, es una obra clave de la historia del cine. De las que se estudian en clase.

Sexo, mentiras y cintas de vídeo (Steven Soderbergh, 1989)

Opera prima del director de Ocean’s Eleven. Ann está casada con John, un adicto al sexo que le pone los cuernos con su hermana, más joven y activa que Ann. La vida monótona e introvertida de la protagonista cambiará cuando un antiguo amigo de su marido entre en sus vidas. Una propuesta un poco más ligera que la anterior, para motivar a la audiencia.

Barton Fink (Hermanos Coen, 1991)

Barton es un dramaturgo recién consagrado que se enfrenta a la difícil tarea de escribir una película en Hollywood. Esta obra ha pasado bastante desapercibida en la filmografía de los hermanísimos, quizás por ser su filme más mental. Barton Fink es un viaje a través de la psique de un escritor atormentado por el bloqueo creativo. Una comedia negra pasada por el filtro del surrealismo, con un fuerte aroma a Lynch.

El sabor de las cerezas (Abbas Kiarostami, 1997)

De Estados Unidos nos vamos a Irán. Un viajecito de nada. Kiarostami es el director de las historias mínimas. Sin florituras en la trama ni giros inesperados. Aquí, un hombre de mediana edad viaja en busca de alguien que le ayude a suicidarse y se comprometa a enterrar su cuerpo dignamente. Una película lenta, como todo lo que hace Kiarostami, y de difícil digestión. Árida, como su paisaje. Quizás la apuesta más arriesgada de la lista. Para aspirar al sobresaliente.

Rosetta (Hermanos Dardenne, 1999)

Una historia de supervivencia encumbró a esta pareja de hermanos belga que ha ganado dos veces la Palma de Oro. Rosetta, una niña de 17 años, vive con su madre alcohólica en una caravana. Su objetivo será encontrar trabajo para salir de la miseria; pero a qué precio. Los Dardenne hacen un cine que fluye pegado a sus personajes. Relatos de gente corriente que sufre dramas corrientes. El cine social intimista es una asignatura troncal para tu cinefilia. Nada de revoluciones ni política, solo la vida.

Bailar en la Oscuridad (Lars Von Trier, 2000)

Musical protagonizado por Bjork donde la cantante interpreta a Selma, una trabajadora de una fábrica en la América rural de los 60. Selma lucha contra una ceguera progresiva mientras intenta ahorrar el dinero para operar a su hijo, que ha heredado la misma enfermedad. Lars Von Trier, como siempre, haciendo trizas a la humanidad y llevando a sus personajes derechitos de cabeza a la fatalidad. Prepárate para llorar.

Elephant (Gus van Sant, 2003)

Particular visión del director de El indomable Will Hunting de la matanza ocurrida en el instituto de Columbine en 1999. En esta película la cámara se convierte en un testigo mudo que se limita a seguir a los personajes a través de una realización y fotografía hipnóticas. Muestra de forma aséptica, casi documental, unos hechos terriblemente dramáticos que quedan despojados de toda emoción. El filme, la vuelta de Van Sant a sus raíces indies, es una invitación a la reflexión, una muestra a través de la imagen de los porqués de aquella tragedia. Y además, un gustito para los más frikis.

4 meses, 3 semanas, 2 días (Cristian Mungiu, 2007)

El derecho al aborto es el tema central de esta película rumana ambientada en el Bucarest de 1987, una ciudad controlada por los últimos coletazos de la dictadura de Ceausescu. Una mujer intenta abortar, su amiga la ayuda. Para ello, ambas harán frente a una sociedad turbia y depredadora que se aprovechará de su situación. La asignatura feminista de la lista, cortesía del Nuevo Cine Rumano.

La Cinta Blanca (Michael Haneke, 2009)

Narra los extraños hechos acaecidos en un pequeño pueblo del norte de Alemania antes del inicio de la Primera Guerra Mundial: palizas, incendios, ataques… Nadie sabe nada. Rodada en una apabullante fotografía en blanco y negro, esta película escarba en los orígenes del fascismo: una generación criada en la represión y la hipocresía, caldo de cultivo del horror que estaba por venir. Las películas del director austríaco son testimonios de la violencia y la perversión humanas. La Cinta Blanca es su gran obra, un ensayo sobre el origen del mal. Respira hondo antes de darle al play. Examen final.