Las 10 Claves Del Éxito Del Cine Propagandístico Norcoreano

“No sabía que Kim Jong-il controlaba tanto de cine. Me di cuenta de que había estado detrás de muchas películas norcoreanas desde que accedió al Ministerio de Propaganda en 1964, y que el cine que había promovido era lo suficientemente poderoso como para que 24,9 millones de norcoreanos le tuvieran casi por un dios”, dice Anna Broinowski, directora de Aim High in Creation!, un documental que siguiendo las técnicas persuasivas del cine propaganda norcoreano denunció la construcción de una mina que practicaba fracking cerca de su residencia en Sidney. Para ello, siguió el libro de Kim Jong-il -líder de Corea del Norte hasta su muerte en 2011-, The Cinema and Directing, un manifiesto de cómo hacer una película perfecta de propaganda.

A partir del documental, donde Broinowski fue la primera directora occidental que vivió en Corea del Norte teniendo acceso durante su estancia a todo el material que utilizaban los norcoreanos para sus filmes, y del manifiesto de Kim Jong-il se extraen 10 claves que explican el éxito del cine propagandístico norcoreano:

Metáfora ligada a la naturaleza

La mayoría de películas arrancan con una metáfora fruto de la naturaleza. Los objetos simbólicos para la causa son usados como un recurso habitual. Por ejemplo, ligan las necesidades de los animales con las necesidades humanas, llevando al protagonista de la película a alcanzar y luchar por los mismos propósitos que el animal.


Discurso socialista potente

El objetivo y mensaje de la película ha de ser claro: la unión del pueblo siempre consigue derrotar al enemigo más poderoso. El pueblo tiene el poder y el héroe que lo representa siempre ha de ser noble.


El enemigo es el imperio capitalista

Los Estados Unidos de América y Japón son sus enemigos favoritos. Son los encargados de invadir el territorio norcoreano. El pueblo tendrá que luchar y derrotar al villano capitalista. Siempre lo consigue. Así que solo puede haber un tipo de desenlace: un final feliz.


Culto al líder

El líder es Dios. Gracias a la familia Kim, la sociedad norcoreana puede seguir hacia adelante. Este es el mensaje que transmiten sus películas. Sin embargo, la presencia en pantalla del líder suele ser indirecta: sale en las conversaciones de los protagonistas y en retratos bien encuadrados. Precisamente, en el encuadre radica uno de los elementos más curiosos: el cuerpo ha de salir entero, en plano general y enfocado. Es la razón principal por la que vetan a los extranjeros a grabar al líder de este país.


Las mujeres son más fuertes que los hombres

Los personajes femeninos son activos y hacen las mismas actividades y trabajos que el hombre. Incluso militares. Y lo más importante: son las que enseñan a los hombres a ser buenos seguidores del líder. Por ello, el cine propagandístico norcoreano retrata a mujeres fuertes y a hombres débiles que siguen el entusiasmo de la figura femenina. De ahí que sean las actrices las más conocidas y admiradas tanto para los directores como para la población de Corea del Norte.

cine, norcoreano, Corea del Norte, Kim-Jong-il, Kim-Jong-un, codigo nuevo


El director lo controla todo

El director es el comandante del grupo creativo. Así como la victoria en la batalla depende de la capacidad de liderazgo del comandante, en el cine reside en el director y su habilidad de consenso con el equipo. Al contrario que sucede en el sistema capitalista, donde el derecho de supervisión y control sobre la película recae en manos de los magnates de la industria del cine, en Corea del Norte, al ser patrimonio del Estado, los directores son los únicos responsables ante el pueblo y el partido de su cine. Eso sí, siempre que sigan las técnicas persuasivas descritas. Son a la vez el director artístico, el organizador productivo y el educador ideológico. Un peso muy grande que les coloca como unos de los trabajadores con más prestigio de Corea del Norte.


Se debe apuntar alto en lo creativo

Ese fue el motivo del título del documental Aim High in Creation! de Anna Broinowski. El manifiesto comunica que una película solo tendrá éxito en su trabajo creativo cuando el director aborde su tarea con fuertes opiniones personales y con audacia. Ha de partir de la idea del Juche (adoptar el papel de maestro de la revolución y reconstrucción de su propio país) y aportar nuevas interpretaciones artísticas para el desarrollo y la educación de la sociedad norcoreana de una manera única.


Los actores creen en lo que actúan

El actor es el verdadero creador de un personaje humano que conmueve a la audiencia. Esa es la razón por la que los directores siempre dan prioridad a la elección y dirección de actores. Los intérpretes deben ser convenientemente aleccionados por el director en el mensaje a propagar. De hecho, la premisa que se le da a los actores es que han de estar convencidos de que lo que hacen es lo correcto para que crean realmente en lo que actúan. Por esa razón, las actuaciones de las películas norcoreanas son tan sinceras. Incluso en algunas ocasiones, para que el actor exprese lo que quieren los directores, les hacen hacer 20 sentadillas o correr alrededor de un edifico antes de la escena. Para ellos es una combinación perfecta entre el cuerpo y la emoción.


Antes que efectos especiales, ¡retrata a los personajes!

En lugar de buscar el efecto de los disparos en un tiroteo, el cine norcoreano se centra en el contenido ideológico que reflejan sus personajes a través de sus acciones. Lo esencial es retratar las emociones y la vida del héroe. En cuanto a su técnica visual, optan por una fotografía y edición clásica. En la armonía y la perspectiva radica la belleza del objeto. Es por ello por lo que optan por planos fijos y abiertos y un montaje simple y lento. Lo más importante es lo que transmiten los personajes. Un aspecto que recuerda al cine occidental de los años 50 y 60.


La música es esencial para conmover

La música y el sonido juegan un papel enorme en el aumento del valor ideológico y artístico de la película. La música debe tener protagonismo y utilizarse como función emocional de los pensamientos más íntimos del héroe. Un filme norcoreano siempre cuenta con música y canciones que sean sencillas de cantar para persuadir mejor a la población. Y, si puede ser con baile incluido, ¡mejor!


Si aún se duda de la eficacia del cine propagandístico norcoreano, solo cabe recordar la escena en la película durante el funeral de Kim Jong-il, donde se ve a los norcoreanos llorando tan vivamente que parece que actúen. Pues bien, lloraban de verdad. “Lloran porque sienten realmente que su destino está ligado al de sus líderes”, afirma Anna Broinowski.