Trabajadores de Médicos Sin Fronteras se rebelan contra el "racismo" de su ONG

Un informe enviado a los dirigentes de la entidad pide una reforma total de las políticas de contratación y de la estructura del organismo liderado por una "minoría blanca privilegiada"

"Médicos Sin Fronteras es institucionalmente racista y refuerza el colonialismo y el supremacismo blanco en su trabajo humanitario, según un comunicado interno firmado por 1.000 trabajadores y extrabajadores" del organismo. Así de contundente empieza un artículo demoledor en The Guardian que hace público el informe que los miembros de la organización sin ánimo de lucro acaba de enviar a su cúpula directiva para exigir cambios (rápidamente) en la forma de contratar y jerarquizar el personal que trabaja en zonas conflictivas y en vías de desarrollo.

Según los propios trabajadores, entre los firmantes se encuentran jefazos de la ONG en varios países como Reino Unido y Alemania, Médicos Sin Fronteras está liderada por una "minoría blanca privilegiada" y su forma de trabajar es "deshumanizadora" y replica modelos "colonialistas" que se supone que deberían estar combatiendo. Los empleados de la organización con medio siglo de historia concluyen que la forma de tratar a los usuarios y a los países donde actúan es "paternalista".

Las palabras de estas personas que conocen tan bien el organismo han sido relativamente bien recibidas por su cúpula, que se ha limitado a comprometerse a acelerar unos cambios que ya tenían programados en el delicado contexto del Black Lifes Matter. Pero justamente el detonante de esta carta ha sido la directriz de MSF Italia de no usar la palabra racismo, sino referirse a la desigualdad como "todas las vidas cuentan". Lo trabajadores han dado un golpe en la mesa y han decidido sacar todo lo que creen que hace de su organización un lugar que perpetúa ese racismo.

Para poner unas cifras: Médicos Sin Fronteras es una de las organizaciones humanitarias más grandes del mundo y el año pasado tenía 65.000 trabajadores, un 90% de los cuales son contratados directamente en los países donde trabajan. No obstante, la enorme mayoría de las oficinas las dirigen europeos desde cinco centros de operaciones ubicados en el hemisferio norte, a excepción de la oficina que abrió el año pasado en Senegal.

Esta declaración no hace más que recordar en qué se basa la cooperación internacional: para muchos, una forma de pauperizar aún más los países más pobres, donde mucha gente depende de organizaciones europeas o estadounidenses para hacer su día a día en lugar de provocar un cambio real en las políticas del país. Los países colonizadores tienen ahora organizaciones del estilo Médicos Sin Fronteras que, paradójicamente son tan útiles para apagar fuegos en momentos de guerras o de emergencias humanitarias.

Probablemente, los empleados de MSF, si se dedican a esto, están convencidos de que su trabajo puede ser útil. Pero en un momento en que se están revisando todas las acciones de Occidente en el mundo, apuestan por evolucionar y convertir las ONG en ejemplos reales del cambio que quieren impulsar. Perder el poder cuesta, pero es la única forma de vivir en un mundo más justo para todxs.

CN