Respirar el aire contaminado de tu ciudad podría deprimirte (o matarte)

Un estudio demuestra la relación directa de contaminación de las ciudades con el aumento de los niveles de depresión y tasas de suicidio

Ya hace unos años del shinrin-yoku, el movimiento japonés que te recomendaba ir a la naturaleza lo más a menudo posible. Pasear por el bosque de dos a cuatro horas al día (y cuanto más antiguos sean los bosques, mejor) te ayuda a aumentar hasta en un 40% la actividad de tus glóbulos rojos, según el libro del doctor Li. Además de mejorar tu sistema inmunitario también beneficia tu salud cardiovascular y metabólica, y ayuda a reducir los niveles de azúcar en la sangre. La lista de milagros no acaba aquí: según el médico, el baño de bosque reduce el estrés y te ayuda a dormir, mejora la concentración y puede ser eficaz contra la depresión y el dolor. 

Ahora, un nuevo estudio científico confirma que, efectivamente, la contaminación de las ciudades aumenta los niveles de depresión y las tasas de suicidio. Si en todo el mundo se redujeran las emisiones de CO2 a los límites permitidos por la Unión Europea que, en realidad tampoco los respeta, como pasa en Barcelona y Madrid año tras año. La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo llama la "emergencia silenciosa de salud". Entre los adolescentes, el riesgo de depresión puede hasta cuadriplicarse.

El estudio "ha demostrado que la contaminación del aire está causando daños sustanciales en la salud mental (de la gente) lo que hace aún más urgente limpiar el aire que respiramos", dijo a The Guardian Isobel Braithwaite, investigadora de la universidad College London (UCL), líder del estudio, realizado en 16 países y recopilando datos desde 2017. Reducir la contaminación del aire de las ciudades podría evitar millones de depresiones, según la investigación. Para evitarnos sorpresas: la contaminación perjudica cada uno de los órganos de nuestro cuerpo.

Coches, casa y fábricas

La contaminación analizada en el estudio fue producida por los fósiles quemados por vehículos, por coches y por la industria. Los científicos ya saben que si se cumplieran los objetivos de emisiones de la Unión Europa podría reducir un 15% la depresión en las ciudades. En todo el mundo, más de 264 millones de personas sufren esta enfermedad, según la OMS. "Las partículas más pequeñas (de la contaminación) llegan al cerebro a través del flujo sanguíneo y la nariz", explica la experta, "la contaminación se ha relacionado con inflamación (del cerebro), daño en células nerviosas y cambios en la producción de hormonas del estrés (cortisol), todo ello afecta a la salud mental".

Resulta demasiado básico achacar todos nuestros males a la contaminación, pero está clarísimo que no hace ningún bien a nadie. Estar concienciadxs en torno a los efectos de las emisiones producidas por la industria o los medios de transporte es un mínimo que nosotrxs, como ciudadanxs, debemos aprender a exigir a quienes realmente pueden forzar un cambio de paradigma. Ya no se trata solamente de las evidencias de sus efectos sobre nuestra salud física y mental, sino que el futuro de todo el planeta está en juego.