El príncipe homosexual que está ayudando a la comunidad LGTBI olvidada de la India

En 2006, el príncipe indio Manvendra Singh Gohil se atrevió a desafiar a todo su país reconociendo públicamente que era homosexual. Desde aquel momento, se convirtió en una figura de referencia en la lucha de los derechos de la comunidad LGTBI, y ni siquiera la discriminación que gran parte de la sociedad le hizo sentir entonces consiguió acabar con su tenacidad. Con su deseo de crear un mundo mejor para los que tienen una forma de amar “no convencional”.

Así lo ha demostrado recientemente al anunciar su intención de abrir un centro para personas LGTBI en el interior de su palacio que proporcionará al colectivo la ayuda que, en la mayoría de los casos, nunca nadie les ha ofrecido. Servicios clínicos, apoyo financiero para que los jóvenes LGTBI no tengan que depender de sus familias y educación sobre sexo seguro, son algunos de los servicios con los que pretende mejorar su calidad de vida.

Una medida que hasta hace poco parecía imposible en la India, donde se criminalizan las relaciones entre personas del mismo sexo. Sin embargo, esta realidad podría cambiar muy pronto. Gracias a Manvendra, el Tribunal Supremo ordenó a principios de este año una revisión de la legislación para que nadie más sea castigado por no amar como presuntamente hace la mayor parte de la población. “Las cosas están mejorando para los jóvenes homosexuales, lesbianas y transexuales de nuestro país. Cuánto más apoyo recibamos de la sociedad, más cerca estaremos de ganar nuestros derechos en la India”, dijo el príncipe cuya vida tampoco ha sido todo lo fácil que se esperaría de alguien de su posición.

Su inesperada salida del armario consiguió que muchos padres aceptaran a sus hijos homosexuales y que dejaran de rechazarles por temor a que fuesen marginados socialmente, pero también mucho rechazo hacia la figura de Manvendra por parte de los sectores más tradicionales.  Al reconocer su verdad con 12 años, fue víctima de represalias públicas y de una reacción violenta de los medios de comunicación. Algo que provocó que hasta su familia le diera la espalda al expulsarlo temporalmente del palacio. “Mi reino se rebeló y quemaron mis estatuas y retratos, y protestaron a favor de mi salida. Pedían que me despojase de mi título, que no se me permitiese asistir a ningún acto público y que fuese boicoteado socialmente”, reconoció.

Una década más tarde, aquella pesadilla terminó cuando se reconcilió con su familia. Ellos ya le han demostrado que le aceptan tal y como es. Ahora, falta que el resto de la sociedad entienda que nadie es mejor ni peor por tener una forma distinta de amar. Y para ello, Manvendra cree que deben entender cómo es su realidad. Que nadie elige ser LGTBI y menos en un país en el que es sinónimo de condena. Por ello, y a la espera de ese cambio en la legislación que permitirá a millones de indias e indios ser un poquito más libres, el ejemplo del príncipe gay y sus iniciativas para la inclusión y apoyo a la población LGTBI han sembrado en la India la semilla de la tolerancia.