¿Nos estamos quedando sin arena?

El aumento de la población mundial y la urbanización están detrás del agotamiento de este recurso capital

La humanidad lleva décadas entregada a una inconmensurable voracidad de recursos. Y, lógicamente, tarde o temprano tenía que llegar el momento en que los dejáramos al borde de la extinción. Ya estaba ocurriendo con el agua, cuya escasez se encuentra detrás de numerosas guerras vigentes en el planeta, según expertos del medio británico BBC. Y ahora está pasando lo mismo con otro insospechado recurso: la arena. Tal como advierte el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, la humanidad se enfrenta a una crisis de arena. Una que podría hacer tambalear nuestro actual modelo de producción y consumo.

El problema es el mismo que con el resto de recursos naturales: lo consumimos a una velocidad mucho mayor de aquella a la que la naturaleza lo crea. Simplemente no puede seguirnos este ritmo demencial. No en vano, y como informan desde Futurism, basándose en el último informe del PNUMA, "podríamos construir un muro de 27 metros de ancho y 27 metros de alto alrededor de todo el planeta empleando la arena que utilizamos en el mundo a lo largo de un año". ¡Un solo año! La mayoría de ella destinada a la fabricación de materiales claves en la sociedad contemporánea como son el hormigón o el vidrio.

Aumenta la demanda de arena

Y esa no es la peor noticia. En realidad, lo más dramático de la situación, ilustrada por este mismo informe, es que la demanda mundial de arena no deja de crecer. Mientras sigamos basándonos en el hormigón y en el vidrio, mientras la población siga aumentando sin freno y mientras la urbanización crezca, necesitaremos más y más arena. En algún punto, en unos años o en unas décadas, la Tierra será incapaz de proveer de todas las toneladas de arena que requiere la humanidad para seguir manteniendo su sistema. A menos que hagamos algo, estamos abocados a un panorama así. Inevitablemente. Es pura matemática básica.

La arena no es infinita

En ese sentido, resulta llamativo que la arena no sea un recurso protegido. Como si no importara. Como si fuese infinito. Un pensamiento implícito que Pascal Peduzzi, coordinador del programa del informe elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, desmiente claramente: "Nuestros recursos de arena no son infinitos y debemos usarlos sabiamente. Para lograr el desarrollo sostenible, necesitamos cambiar drásticamente la manera en que producimos, construimos y consumimos productos, infraestructuras y servicios". ¿O volveremos a esperar hasta que la tragedia sea inminente e irremediable?

Porque no somos solo nosotros: muchas plantas y animales de este planeta dependen de la arena, lo que implica que su sobreexplotación contribuye a la pérdida de la biodiversidad y el deterioro de las cadenas tróficas. Es fundamental actuar. Primero, incentivando recursos alternativos como la roca triturada o los subproductos de la minería. Y segundo, estableciendo una autoridad central que supervise la explotación de la arena en el mundo. Después de todo, decía el año pasado la ecologista Aurora Torres, "este no es un problema que sea relevante solo para algunos lugares: la arena es fundamental para todos los países".