Por qué la mutilación genital femenina en España no desaparecerá con solo prohibirla

Una madre siempre intentará hacer lo mejor para su hija. El problema es que, en según qué comunidades y sobre qué bases de creencias y valores, eso significa hacerle una ablación a la niña como rito de iniciación. En España ahora mismo hay casi 17.000 niñas en riesgo de ser sometidas a la mutilación genital femenina (MGF), porque provienen de alguno de los 28 países de África, Oriente Medio o Asia en los que se practica. La Fundación Wassu-UAB lleva años trabajando para prevenirlo desde la investigación, la formación y sobre todo, el respeto. Porque las leyes no son suficientes, y ya se ha visto que, aunque se haga con buena intención, imponer ideas y castigar a las familias no es la solución.

Iniciación y mutilación

Cada año la MGF amenaza a tres millones de niñas en todo el mundo, la gran mayoría en Somalia (donde un 98% de mujeres están mutiladas), Egipto (95%), Mali (92%), y Gambia (78%). Dentro del contexto español, la mayoría están en Cataluña (donde residen más de un tercio), Madrid y Andalucía, aunque es importante resaltar que la ablación no se produce en territorio español sino cuando las familias vuelven de visita a su país. Es entonces cuando las abuelas, habitualmente encargadas de la iniciación de las niñas, aprovechan para realizar la MGF. "Nos cuesta entenderlo, pero desde la empatía vemos que las madres lo hacen por amor", cuenta Neus, antropóloga y coordinadora de la fundación Wassu-UAB.

En términos estrictos, la mutilación genital femenina (MGF) significa alterar o dañar los órganos genitales femeninos por razones que no tienen que ver con la medicina, y se reconoce internacionalmente como una violación de los derechos humanos de las mujeres y niñas. Además tiene consecuencias perjudiciales para la salud física y mental de las menores, que van desde las infecciones y el dolor crónico hasta problemas en el parto o traumas psicológicos. Los motivos principales son una supuesta higiene, belleza y pureza, y es que una mujer mutilada está más aceptada en la comunidad en que se practica. Si no lo está, puede que no la dejen tocar el mismo agua que el resto, ni compartir su comida.

El caso es que en muchas comunidades musulmanas afincadas en nuestro país la MGF se practica, según las familias, por razones religiosas y porque lo consideran una Sunna (enseñanza de Mahoma). Pero desde la fundación Wassu les explican que no se asocia necesariamente al Islam, porque millones de musulmanes no practican la MGF, y en cambio sí lo hacen ciertas comunidades cristianas coptas y judías falashas. De hecho, la realidad es que es una tradición anterior al Islam.

Tan ilegal como presente

En los últimos años la legislación ha reflejado lo injusto y horrible que es arrancarle a una mujer una parte de su cuerpo sin ningún beneficio médico. Además de ser ilegal tanto en España como a nivel europeo y gracias a la evidencia científica y el trabajo de campo de Wassu-UAB se promovió su prohibición en Gambia en 2015Otros países como Nigeria, Senegal y Tanzania también lo han prohibido y, de hecho, el Parlamento de la Unión Africana, con función consultiva para los países miembros, apoyó en 2016 la abolición de la MGF. Pero aunque los gobiernos reconocen que es un problema, las estadísticas muestran que las leyes no son suficientes.

"Permiten un marco de actuación, pero la MGF se sigue practicando", nos cuenta Neus, y añade que "la comparación más simple que podemos hacer es con la ley del alcohol y la conducción en España. Está prohibido, pero la gente sigue conduciendo borracha". Para que haya un cambio real tiene que haber sensibilización a nivel comunitario, y esa es la principal labor de la fundación Wassu-UAB. Esta organización usa una metodología antropológica y médica que no impone el conocimiento, sino que lo transfiere

Su directora, Adriana Kaplan, nos atiende desde Gambia pese a los problemas de conexión. Allí está la Wassu Gambia Kafo, una ONG que promueve la cooperación al desarrollo entre el gobierno de este país africano y el de España en áreas como salud, investigación y educación. Adriana y su equipo sensibilizan a los profesionales de atención primaria y otras figuras clave de la comunidad para que puedan reconocer las consecuencias de la práctica, evitando complicaciones para la salud y la victimización de las mujeres y niñas. Su metodología se ha ido exportando a otros países como Kenya, Tanzania y Senegal

Aunque el panorama parece desalentador, se ha avanzado mucho teniendo en cuenta que cuando la fundación llegó a Gambia, ni siquiera se permitía hablar del tema en público. Consiguieron levantar el veto y empezaron a trabajar con personal sanitario, médicos, líderes religiosas, comadronas, etc. El número de profesionales que conocía los riesgos de la MGF a largo plazo aumentó un 20% entre el 2009 y el 2014, y han introducido el tema en el currículum académico en todas las escuelas de salud de Gambia. Lo principal es que se reconozca la MGF como un problema de salud pública en el país y, gracias a ello, crear un gran sistema de control epidemiológico.

El reto es entender que no se puede hacer de golpe, ni imponiendo modelos occidentales poco sostenibles. Por eso, en Wassu-UAB nos cuentan que "una mirada paternalista no permite avanzar, pero si las personas a quienes quieres empoderar ven que entiendes su situación, te escuchan más". En España, la fundación trabaja con inmigrantes y formando al personal sanitario. Los cambios no se dan de la noche al día, porque, como dice Neus, "estás jugando con la identidad y las preferencias de estas personas". La intervención que defienden desde Wassu es preventiva, y no punitiva, para garantizar que las familias no tengan problemas y que no acaben en la cárcel. 

"Son muchos años de trabajo etnográfico, trabajando para poder entender y poder proponer", nos cuenta Adriana, y añade que "cuando abordas el problema desde el conocimiento, lo haces también desde el respeto"Otro factor importante es no problematizar la ablación hasta el punto en el que las niñas ya mutiladas se sientan desplazadas o incompletas porque, precisamente, ellas son las últimas que tienen la culpa de su situación. La fundación Wassu-UAB seguirá trabajando cada día para que en el futuro no haya niñas mutiladas, y su metodología nos puede enseñar mucho sobre cómo tratar aquellos aspectos culturales que no entendemos o que son injustos. Lo importante es que podemos estar convencidísimos de que tenemos razón, pero sin conocimiento y respeto nunca habrá un cambio real.