Un libro desvela la historia detrás de la muerte de Aylan (que en realidad se llama Alan)

La tía del niño, Tima Kurdi, es la autora del libro y se culpabiliza por haber enviado los 5.000 dólares para el viaje en patera

Solo en 2015, 19,5 millones de personas huyeron de sus países buscando refugio. Es el año con más exiliados en la historia moderna, equiparable a los años más duros de la Segunda Guerra Mundial, que se saldó en total con 40 millones de refugiados entre el 1939 y el 1945. 2015 es también el año en que el mundo abrió los ojos ante la tragedia que se estaba viviendo en el Mediterráneo. Fue la foto de Alan Kurdi —que no Aylan, como erroneamente le conocemos todos—, un niño de dos años ahogado en las costas del Egeo, vistiendo sus ya famosos pantalones azules y camiseta roja, la que sirvió como detonante de la crítica internacional.

Tres años más tarde, su tía Tima Kurdi reflexiona en su libro The Boy on the Beach. My Family's Escape from Syria and Our Hope for a New Home sobre su familia y las de los millones de refugiados. “Escribí este libro porque quería que el mundo entendiese que mi familia no era diferente de cualquier otra. Nosotros también somos seres humanos: celebramos los cumpleaños, trabajamos, estudiamos. Teníamos una vida antes de que empezara la guerra”, explica a El País.

En el libro también abre sus adentros y cuenta cómo fue ella quien pagó el viaje de la familia de su hermano, en el que murieron su cuñada, Rehanna, y sus dos sobrinos, Ghalib y Alan, y como lidia con ello. “No podía dejar de pensar que si no hubiera mandado esos 5.000 dólares (4.300 euros) para pagar el viaje en patera quizá hoy estarían todos vivos. Cargaré con sus muertes toda mi vida”, comenta.

Un año después de ese fatídico 2 de septiembre en que conoció la noticia de la muerte de su familia, creó la Fundación Kurdi junto a su hermano para dar bienes básicos a las personas refugiadas, que malviven en campos de refugiados o que son explotadas laboralmente en condiciones precarias cuando llegan a países receptores, como sucede en Turquía con los turnos de 12 h en fábricas textiles. Además, también quiere combatir la propaganda racista y los discursos de odio antiimigración: "ninguna frontera debería estar cerrada a gente que escapa de un conflicto armado", denuncia Tima Kurdi.

Sabe que la foto de Alan sirvió para despertar a una comunidad internacional que estaba en silencio, ignorando a los refugiados. Sin embargo, está frustrada porque "a los pocos meses habíamos vuelto a caer en el olvido", como cuenta a El País. A través del libro quiere volver a revivir la indignación pública que sacudió el mundo tras la muerte de Alan y que su fallecimiento no sea en vano. "Espero que mi libro provoque una toma de conciencia global", sentencia.