Los falsos orfanatos de Nepal que secuestran y explotan a niños con tus donaciones

Las redes engañan a familias para secuestrar niños y usarlos como escaparates para atraer la empatía de Occidente... y hacer un negocio redondo basado en la trata infantil

Uno de los planes más comunes para el verano (sin covid, por supuesto) es irse de voluntariado. Seguro que conoces a muchxs que han cogido una mochila con cuatro prendas y, sin mucho más, se han ido a Nepal a colaborar con los muchos orfanatos del país que, sin apenas recursos, se mantienen a base de donaciones y ayuda internacional. Sin embargo, por muy bien intencionadxs que estén estxs voluntarixs y los donativos, desgraciadamente, están contribuyendo a la explotación de cientos de niños secuestrados, usados para que mafias se lucren a costa de su sufrimiento.

“Cada año, miles de extranjeros llegan a Nepal en forma de voluntariado o donativo para ayudar a los huérfanos. Pero en realidad, la gran mayoría de los huérfanos que viven en los más de 500 orfanatos de todo el país tienen padres que están buscándolos”, explica un documental del portal AlJazeera. La mayoría de estos niños son de familias que, desesperadas por salir de la pobreza que asola el país, los envían a ofertas fraudulentas que les prometen una buena educación. Sin embargo, acaban en redes de trata.

Es el caso de Devi, una niña de 10 años a la cual acompañan de vuelta a casa en el documental. Su historia empieza en una villa remota en las montañas del Himalaya, donde había pocas salidas más allá de dedicar su vida a la maternidad y a un campo que no permite la supervivencia de toda la familia. Por eso, cuando su tía, que se había mudado a Katmandú, la capital, le dijo a su madre que había encontrado una oportunidad para que fuese a un internado, que le daría una buena educación, no se lo pensó y la mandaron a la ciudad. Sin embargo, su tía la vendió a una de estas redes, y sus padres no volvieron a saber de ella.

“Lo que parecía una oportunidad única en la vida se volvió miseria y desesperación. Fue vendida a un orfanato ilegal y ella se convirtió en una de los miles de falsos huérfanos del Nepal. Rápidamente, cambiaron el nombre de Devi para que la familia ni las autoridades pudieran localizarla”, explica Anju Pun, una trabajadora social nepalí que trabaja rescatando estos niños. Las condiciones solo pueden calificarse “de infierno” porque, obviamente, el dinero de las donaciones no va a mejorar sus condiciones de vida, sino a enriquecer las redes de la trata, explica el documental.

Pero Anju Pun no es la única que trabaja para que las historias como la de Devi, niños víctimas redes que “actúan como buitres en las zonas más pobres y desesperadas, engañando a familias que quieren educación y a extranjeros que quieren actuar con bondad”, tengan un final feliz. La australiana Kate van Doore pasó de engañada a activista, y por eso montó un orfanato con el que captar estos falsos huérfanos y enviarlos de vuelta con sus padres. Decidió fundarlo cuando, en 2006, tras un voluntariado (para participar en el cual tuvo que pagar, como es habitual, "ayudas para el mantenimiento") y encariñarse con una supuesta huérfana de la Guerra Civil, descubrió que había sido robada a sus padres.

Alisha, la niña con la que Kate hizo el voluntariado

Ha reflexionado sobre ello en la cadena estadounidense ABC: “pensé que estaba ayudando a un huérfano vulnerable a escapar de la pobreza. Entonces me di cuenta de que mis buenas acciones estaban empeorando su situación”. Asegura que es lo que se conoce como “colonialismo de voluntariado” cuando, con buenas intenciones, estamos participando en el “mercado de la pobreza”, que “se basa en perpetuar la pobreza para que el primer mundo podamos sentirnos bien donando dinero”.

Otro artículo de AlJazeera explica que no solo sucede en Nepal. También han detectado casos en Camboya y en otros países asiáticos que, como cuenta Kate, se enriquecen con el voluntariado occidental, porque, en cambio de ayudar a niños y comunidades vulnerables, los usan de escaparate para seguir lucrándose. Es “el peligroso lado oscuro” del voluntariado, el cual tenemos que ir con cuidado para no seguir perpetuando.

CN