Muchas empresas te quieren timar con "campañas eco" que no son sostenibles

Para combatir la crisis climática las empresas deberían cambiar su producción y comercialización. Pero les es más fácil poner la pegatina "eco" sin evidencias científicas o hacer campañas "ambientales" que solo sirvan para emocionar

A medida que aumentaba la conciencia social sobre el ecologismo y la crisis climática, aumentaban las empresas que se sumaban al carro eco y cambiaban sus productos a versiones con menos impacto medioambiental. La prueba está en las tiendas: cientos de alimentos hechos de forma sostenible, electrodomésticos que consumen menos, coches que promueven la energía limpia, ropa que no contamina… los ejemplos son innumerables. Pero, como alerta El País, se venden productos como sostenibles “sin que exista ninguna evidencia objetiva de que lo son”.

Es lo que se conoce como greenwashing, una forma de propaganda o lavado de imagen de algunas empresas para parecer respetuosas con el medio ambiente, aunque no lo sean ni tengan pruebas para corroborarlo, simplemente lo dicen y ahí se queda. Hasta que alguien les denuncie, se han beneficiado de parecer una empresa sensible con el medio ambiente y de estar respetando las preocupaciones de la sociedad actual.

De hecho, como denuncia  el artículo, como cada vez somos más ecologistas y las empresas lo saben (según una encuesta, un 85% de los españoles pagarían más por un producto si supieran que es 100% sostenible), quieren dar una imagen eco, pero no les importa tanto serlo. Es decir, es más fácil invertir dinero en falsa publicidad comunicando lo verde que es su producto en vez de desarrollar una estrategia empresarial sostenible y respetuosa que ayude a combatir el cambio climático, algo que quizá es menos llamativo y daría menos publicidad a la empresa. Vamos, puro postureo ecofriendly. “Equivale a priorizar el corto plazo de manera cínica y perversa: se renuncia a las ventajas competitivas que puede proporcionar ser una verdadera marca verde y se centran los esfuerzos en, sencillamente, parecerlo”, explica Javier Varela, experto en márketing y desarrollo sostenible.

Como alerta el diario, una de las últimas formas en las que se manifiesta este timo marketiniano son las campañas de “acción directa o táctica”: las típicas de “por cada 100 compras plantamos un árbol en una zona de incendios” o “un porcentaje se destinará a cuidar koalas afectados por los fuegos de Australia”, “por cada euro gastado donaremos un céntimo a preservar [cualquier nombre de un mamífero que nos parezca mono]”. Son campañas dirigidas a tocarte en el corazón, a que digas “oh, esto es algo que importa”. El País las define como: “iniciativas muy específicas que, de alguna manera, humanizan y melodramatizan la acción solidaria, dando al consumidor la sensación de que su dinero tendrá un impacto positivo muy concreto y tangible. Mejor plantar un árbol real que solidarizarse con un ideal difuso”. Así, las empresas pueden seguir con sus protocolos y producción nada sostenibles, pero usar estas campañas “cuquis” para fingir que sí que les importa el medio ambiente.

Y, además, hay otro problema: a veces el dinero para “salvar a los pandas” ni tan siquiera se usa para eso, simplemente se lo queda la empresa. Según El País, para averiguar si esa campaña es cierta o huele a timo, “mira si colaboran con una organización sin ánimo de lucro”. Si tiene buena reputación, es una garantía objetiva de que el dinero llegará a su destino. Otra forma de comprobar que no es un timo es que la información sea muy detallada, que tenga unos objetivos, tiempo de campaña, etc. Ante la información muy vaga, sospecha. Por último, también puedes buscar si han hecho campañas anteriores y han compartido los resultados y el impacto que tuvo. Quizá es una empresa con campañas transparentes y periódicas y, entonces, también puede servirte como garantía. Es triste que tengamos que hacer todas estas comprobaciones, pero en el sistema actual es obvio que hay gente dispuesta a timarnos y sacar tajada de algo tan urgente como la crisis climática.