¿Por qué los ecocidios no son castigados como crímenes contra la humanidad?

La Corte Penal Internacional solo puede perseguir las agresiones contra los ecosistemas si son en contexto de guerra. Por eso, los activistas creen que se necesita un cambio

Piensa en los vertidos tóxicos en mares, contaminando ecosistemas enteros. O las explotaciones de bosques y selvas por parte de gobiernos de todo el mundo. O los políticos negacionistas que contaminan sin pensar en las consecuencias, retirándose de planes internacionales para combatir la crisis climática porque las evidencias científicas que alertan del peligro inminente no entran en su ideología. Se pueden citar cientos de ejemplos y, desgraciadamente, todos tienen en común lo mismo: la ley internacional casi nunca puede perseguirlos.

Es la triste realidad de los “ecocidios”, el término que se usa para hablar de los crímenes contra el medio ambiente, que suelen quedar impunes. Lo denuncian todo tipo de portavoces de movimientos e instituciones, desde el Papa hasta Greta Thunberg: por mucho que haya leyes individuales en cada país, si no se unifica la ley internacional, no se dejarán de cometer estos crímenes impunemente.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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El motivo de que no se castiguen esos crímenes es por falta de poderes y capacidades legales de los tribunales más adecuados para esta misión. La Corte Penal Internacional, el principal organismo que se encarga de juzgar los crímenes contra la humanidad y el máximo órgano jurídico que tendría que encargarse de estos temas, “no puede perseguir los ecocidios que suceden durante los tiempos de paz”, denuncia la BBC. Sus funciones se limitan a perseguir cuatro crímenes: genocidio, contra la humanidad, crímenes de agresión y crímenes de guerra, entre los cuales se incluye destruir ecosistemas… siempre y cuando sea como acción bélica. Por eso, miles de activistas por todo el mundo están pidiendo que se cambie la ley internacional y que la Corte pueda actuar contra ellos.

Jojo Mehta, confundadora de la campaña Stop Ecocide, explica cómo de beneficioso sería cambiar esta ley: “todos los países que han firmado los acuerdos de París, si los incumplen, no pasa nada. Si la Corte Penal Internacional pudiera perseguirlos, habría dirigentes juzgados, multados y hasta encarcelados”, asegura, sin mencionar a Donald Trump pero con un discurso que hace imposible no pensar en sus políticas antiambientales.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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La campaña, además, hace hincapié en la importancia de combatir ya los ecocidios. Uno de los principales problemas de la crisis climática es que, desde los países occidentales, creemos que no es “tan urgente”. Más que nada que, como no vemos efectos desastrosos en nuestros países, no hacemos nada. Y eso, más allá de egoísta, es muy imprudente.

Lo primero, porque el cambio climático es un efecto en cadena. Exponen el caso de Vanuatu, un archipiélago del Pacífico y uno de los países más insistentes con perseguir los ecocidios, su país está, literalmente, hundiéndose. Si crece el nivel del mar, podrían quedarse sin agua dulce y extinguirse. Aseguran que es una emergencia “de pocos años”. Y que no solo les afecta a ellos: si se pierden sus ecosistemas podría haber un efecto cadena y que cientos de ecosistemas desaparecieran en pocos años. Por otra parte, todas las personas que viven en estos países acosados por el cambio climático ya están huyendo de sus países. Eso supone movimientos migratorios y de refugiados, y consecuencias políticas para estos países que “menos sufren los efectos del cambio climático" y que se niegan a actuar con contundencia.

La campaña, sin embargo, sabe que es difícil. Añadir el ecocidio en los estatutos de la Corte Penal Internacional supone conseguir que 82 países, como mínimo, respalden la propuesta, un proceso diplomático que podría tomar entre cinco y diez años. Mientras tanto, todos los causantes de vertidos, emisiones, incendios forestales, talas indiscriminadas y extinciones masivas seguirán sin ser declarados culpables.