Desenmascaró a un depredador sexual gracias al lenguaje de signos

Esta es la historia de una maestra que salvó a su almuna del horror

Júlia (nombre ficticio) se ganó la confianza de Maira (también nombre ficticio) después de unos días trabajando en su escuela. Júlia era experta en lenguaje de signos en la escuela donde estudia Maira, que tiene problemas de audición, pero un día se dio cuenta de que la relación de Maira con el hombre que la acompañaba al colegio no era como todas las demás. Él, que era pastor evangélico, se presentó como el responsable de los intereses de la familia de Maira y le preguntó a Júlia si había algún niño en la clase que abusara de ella.

El señor siguió insistiendo, pero Júlia, según le contó a BBC News Brasil, en vez de darle información lo que hacía era recopilarla. Cada vez que ese hombre le hablaba sobre Maira, Júlia registraba lo que el lenguaje no verbal no cuenta. Además, la propia Júlia le mandaba señales de que algo en su vida no iba bien: “pronto se dio cuenta de que la adolescente tenía una profunda tristeza desde los primeros días de clases”, cuenta el artículo, “llamaba la atención por su discurso desarticulado y una aparente angustia”.

Al cabo de un mes, Júlia acabó destapando que el hombre que decía protegerla, pagaba 220 euros al mes a los padres de Maira para que la dejaran ‘dormir’ en su casa unos días por semana… y, obviamente, abusaba de ella. Como Maira, alrededor de medio millón de adolescentes sufren explotación sexual infantil en Brasil cada año.

"Era una adolescente muy hermosa. Llamó mucho la atención de los chicos, pero debido a que es sorda y que estaba en un ambiente mayoritariamente auditivo, tuvo una mayor apertura con el intérprete, que necesita tener esa sensibilidad y construir un vínculo de confianza con el alumno", cuenta la BBC. Una de las señales que notó es que la niña empezó a mentir o contradecirse, especialmente para justificar sus ausencias cada vez más frecuentes en la escuela. Hasta que un día, Maira le preguntó a Júlia qué opinaba de que un adulto se acostara con una menor. A raíz de esta conversación, lo acabó contando todo.

Tener conocimiento del lenguaje de signos no te convierte en una adivina, pero lo que demuestra la historia de Júlia y Maira es que a veces, cuando no puedes recurrir al lenguaje desarrollas otras habilidades para comunicarte y ahí es donde unas herramientas especiales pueden ayudarte a salvar vidas. Una persona que necesita que la rescaten, a veces es solo capaz de mandar unas pequeñas señales, pero igual que un detective, tenemos que estar atentos para lanzar una cuerda a alguien que se puede estar ahogando en silencio.