La cruel incoherencia de ser antitaurino y carnívoro

La industria alimentaria española asesina casi 700 millones de animales cada año

Odias la tauromaquia. La plaza, el torero engalanado y los quejidos lastimeros del toro. Lo odias muchísimo. Tanto que más de una vez, presa de la incomprensión o el alarde animalista, no has podido resistir la tentación de desearle la muerte al torero de turno que aparece sonriente en televisión. Porque no toleras el sufrimiento animal. Defiendes tu antitaurinismo con ferocidad. Tu nevera, sin embargo, está llena de leche, queso, croquetas de pollo y filetes de ternera. Una contradicción moral que resplandece aún más a la vista de las matemáticas.

Hablemos de números

La Asociación de Veterinarios Abolicionistas de la Tauromaquia y el Maltrato Animal (AVATMA) elabora cada año un informe sobre el estado del sector taurino en nuestro país. En la edición publicada este año, correspondiente al 2017, la AVATMA señala que el pasado año fueron asesinados en las plazas de toros de España unos 9.318 animales aproximadamente. También debemos tener en cuenta los festejos populares taurinos. Según el informe, en 2017 la cifra alcanzó los 17.920, lo que podría suponer la muerte de unos 70.000 animales.

En el otro extremo de la balanza tenemos la industria alimentaria animal. Los datos utilizados por la gran mayoría de asociaciones veganas datan del último informe de la FAO al respecto, de 2007, pero el consumo animal no ha hecho sino crecer desde entonces. Según la organización, cada año son matados en nuestro país 560 millones de pollos, 51 millones de gallinas, 37,5 millones de cerdos, 19,3 millones de corderos y 2,7 millones de bóvidos. El mayor genocidio desde que nuestro planeta conoció la vida hace unos 4.100 millones de años.

Hablemos de vida

El número de crímenes en ambas industrias está lejísimos de ser comparable. Pero hay quienes defienden esta doble moral haciendo referencia al sufrimiento. Y sí, los toros sufren una jodida tortura en las plazas antes de morir, pero los animales de la industria ganadera tienen una vida muchísimo más despiadada. Los animales de ambos mundos sufren privación de libertad y son considerados meras mercancías destinadas al uso humano. Morirán precozmente y de un modo indigno, pero la calidad de esos años sí importa.

Igualdad Animal, la oenegé antiespecista líder de España, lleva años infiltrándose en diferentes granjas españolas para documentar las condiciones en las que viven los animales de granja. Es difícil soportar los vídeos enteros. Las mutilaciones, las patadas, el confinamiento extremo, las descargas eléctricas, la privación absoluta de luz o la inanición son solo algunas de las tristes prácticas de la industria ganadera. Es complicado imaginar una vida más lamentable y cruel. Y aún así la mayoría de gente sigue consumiendo carne y lácteos.

Hablemos de necesidad

Resumamos: mueren muchísimos —pero muchísimos— más animales dentro de la industria alimentaria que dentro de la tauromaquia y la vida de los animales destinados al consumo parece todavía más terrible. Establecidos estos preceptos, el argumento clásico para condenar con contundencia el deplorable espectáculo taurino pero hincharse al mismo tiempo de hamburguesas con queso gira en torno a la necesidad. "Comer carne es imprescindible para el ser humano, pero el toreo es un entretenimiento gratuito", vendrían a decir.

Y por supuesto que sí, el toreo es tan repugnante como gratuito. Pero comer carne también. La cantidad de artículos, asociaciones y veganos que lo demuestran es masiva. Tanto que pensar todavía que vivir de forma vegetariana es imposible suena más a coartada que a un verdadero razonamiento científico. Tauramaquia y carnivorismo son dos formas de entretenimiento. Una visual e incomprensible para muchos de nosotros. La otra gustativa y comprensible, pero igual de mala. A tenor de las cifras y las imágenes, incluso peor. También para el planeta.

Seamos optimistas

La incongruencia del animalismo antitaurino pero devorador de carne nos deja sin embargo un par de reflexiones muy prometedoras. La primera, claro está, es ese animalismo en sí mismo. Hay resistencia todavía a abandonar el consumo de productos animales porque hemos crecido en una sociedad omnívora y lo tenemos muy interiorizado, pero la empatía hacia los animales existe. Eso es fundamental. Significa que nuestra sociedad tiene el potencial para pasar de ese animalismo básico que es el antitaurinismo a un animalismo más completo.

Y la segunda es el poder que tenemos como consumidores. Los informes elaborados cada año por la AVATMA dejan claro una cosa: la tauromaquia va camino del abismo de la desaparición. La generación milenial y la generación Z la rechazan con todas sus fuerzas. Pronto será cosa del pasado y será gracias a todos nosotros. De ahí se deduce algo muy importante: acabar con el modelo especista de alimentación que llevamos también está en nuestras manos. Un cambio que nosotros no notaremos demasiado. Pero billones de animales lo agradecerán muchísimo.