El cruel destino de los animales que mueren en laboratorios para salvar tu vida

Los laboratorios españoles utilizan una media anual cercana al millón de animales para la experimentación científica

Encerrados. Inmovilizados. Drogados. Quemados. Electrocutados. Mutilados. Los animales son marionetas en manos de los laboratorios científicos. Allí, y tras una vida de miserable tortura, mueren en la sombra. Lo hacen, supuestamente, para garantizar que avance la medicina, pero el secretismo de los laboratorios ha impedido que durante las últimas décadas supiéramos qué ocurre exactamente entre sus muros. En el año 2016 se prometió cambiar aquello. Hasta 120 laboratorios españoles firmaron un acuerdo de transparencia que parecía ponernos cara a cara con una verdad que nos encanta ignorar. Pero aquello quedó en promesas.

Porque hoy, dos años después de aquella firma, solo el 20% de esos laboratorios ha abierto las puertas de sus instalaciones. Dato nada sorprendente para Francisco Vásquez, presidente de AnimaNaturalis, una de las oenegés antiespecistas más importantes de España. "Es natural. Saben que habrá un rechazo social. La gente no quiere relacionar los productos que consume con el sufrimiento", dice Vásquez. Pero la intención del acuerdo, contaba la portavoz de la Confederación de Sociedades Científicas de España (COSCE), era precisamente convencer a los ciudadanos de los grandes beneficios sociales de este sufrimiento.

¿Para qué sirve tanto dolor?

Los laboratorios hablan de cáncer, sida, ébola, alzheimer o enfermedades cardiovasculares cuando tienen que defender la experimentación animal. De momento, dicen, es imprescindible en biomedicina, biología y veterinaria. La investigación con perros, por ejemplo, ha permitido terapias génicas efectivas para tratar la diabetes tipo 1. Y la investigación con primates, que tanta empatía despiertan en nosotros, ha servido para comprender peligrosas alteraciones cerebrales que adolece el ser humano y para desarrollar vacunas contra virus pandémicos como el ébola. Su sufrimiento, nuestra salvación.

Pero el portavoz de AnimaNaturalis discrepa tajantemente: "Utilizan esas enfermedades como bandera porque inspiran miedo en la gente, pero los animales son usados para testarlo todo. Cualquier sustancia que acabe siendo comercializada, incluido fármacos contra la piel atópica o la conjuntivitis. Decir que la experimentación animal está centrada en curar el cáncer es una pseudoverdad. Las grandes farmacéuticas son empresas y quieren ganar dinero. Buscan medicamentos para tratar estas enfermedades, pero no para curarlas". Sea como sea, la pregunta verdaderamente importante es otra: ¿es absolutamente necesario?

Alternativas libres de dolor

"Interniche recopila constantemente alternativas más precisas que inocular enfermedades o drogar a los animales. El problema es que estas alternativas, como los cultivos de células madre o las simulaciones bioinformáticas, solo están certificadas para productos cosméticos y de higiene personal. Podrían extrapolarse al restos de productos pero habría que modificar la legislación y el lobbys farmacéutico presiona para evitarlo porque entonces tendrían que realizar fuertes inversiones. Pero no es necesario. La experimentación animal es un vestigio de siglos pasados", cuenta Vásquez al otro lado del teléfono.

Los laboratorios, y organismos reguladores como la Agencia de Medicamentos Estadounidense (FDA, por sus siglas en inglés), aseguran que de momento estas alternativas no pueden sustituir a la experimentación animal en todas las investigaciones. Bajo este enfoque, y según datos facilitados por los laboratorios al Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, 917.896 sufrieron experimentación en España en 2016, una media relativamente constante desde hace unos años. La mayoría de ellos suelen ser roedores, peces, aves y conejos. Y según explica Javier Guillén, miembro de la Asociación Internacional para la Evaluación y Acreditación del Cuidado de Animales de Laboratorio (AAALAC), solo en un 8% de los casos existe dolor, sufrimiento o angustia severa. Pero no olvidemos que son algo más que números.

MAPAMA

Conciencia social

La discrepancia entre laboratorios farmacéuticos y organizaciones animalistas está ahí. Pero tanto si los métodos alternativos son eficaces, como dice Vásquez, como si requieren ser mejorados, como aseguran los laboratorios, nuestra postura como consumidores resulta crucial. Ya sea para acelerar su aplicación o su desarrollo. El mensaje debe ser claro: que se haga todo lo posible para que la experimentación animal pase a mejor vida. Y en ese aspecto, y a pesar de las circunstancias, Vásquez suena bastante optimista. El futuro, dice, también verá el fin de esta práctica especista. Aunque más tarde que otras.

"En la alimentación tenemos alternativas desde hace diez años, pero en el caso de los medicamentos no. No existen farmacéuticas que practiquen el comercio ético. Aún así, y por primera vez en varios siglos, la sociedad cuenta con información suficiente para poder opinar. Y hay otra sensibilidad. Puede comprobarse en todas las luchas sociales. De hecho, que alguien planteara ese acuerdo de transparencia en nuestro país —el segundo del mundo tras el Reino Unido en hacerlo— implica que algo está cambiando. Los laboratorios quieren lavar su imagen. Pero eso solo pasa por un cambio de modelo", explica Vásquez convencido. Ojalá ese cambio llegue lo antes posible y millones de animales dejen de morir por nosotros.