La crisis de la industria fast fashion está asfixiando a sus trabajadores precarios

Walmart, Urban Outfitters, Topshop, C&A, Forever 21, entre otras marcas, deben millones de euros a Bangladesh en pedidos cancelados, denuncian diversas ONG

En marzo llegó el confinamiento, nadie se imaginaba las consecuencias. Al principio pensábamos que quince días y ya, qué inocentes. Meses encerrados, con todo parado, sin producir, con pérdidas económicas increíbles y la mayoría de las industrias paralizadas. Una de las más afectadas fue la del sector textil, que con las tiendas cerradas y las nuevas temporadas ya encargadas, se tuvo que enfrentar a pérdidas millonarias y todavía no se ha recuperado: ha perdido uno de cada cuatro euros de facturación respecto el año pasado, según datos de El Confidencial.

Para sufragar gastos, la gran mayoría de empresas se sumaron a los ERTE, en España, y a ayudas similares en otros países. Pero no fueron las únicas medidas. Las marcas, que tienen subcontratada la producción, decidieron “no sólo a eliminar los futuros planes de colecciones de ropa, sino también cancelando las colecciones que tenían en marcha previstas para los siguientes meses, pidiendo rebajas del 30 o el 50% del precio e incluso negándose a pagar muchos de los pedidos que ya estaban terminando”, explica Magnet, con datos de las ONG Center for Global Workers Rights (CGWR) y Worker Rights Consortium (WRC).

En total, 13.800 millones de euros de pérdidas para sus proveedores, situados en países en vías de desarrollo como Bangladesh, Camboya o Myanmar. Estos datos son solo de estas dos ONG, hay otros organismos calculando datos. Por ejemplo, según la asociación de trabajadores textiles de Bangladesh, las grandes marcas, como Inditex, Adidas, Nike Urban Outfitters o Primark, cancelaron el 83% de los pedidos: con una respectiva pérdida de 2,2 millones de empleos, dos tercios ocupados por mujeres en riesgo de exclusión. “Tengo 2.000 trabajadores que ayudan a 10.000 miembros de sus familias. ¿Qué les tengo que decir sobre su trabajo y su sueldo?”, explicaba en el artículo el dueño de una fábrica que se vio obligado a cerrarla tras quedarse, unilateralmente, sin producción.

“Es un robo”, denuncia Scott Nova, director de la WRC. Según sus alegaciones, las empresas de la moda han querido salvarse “robando a los países que estaban subcontratando”, cuya supervivencia económica está condicionada casi exclusivamente por estos sectores. Por ejemplo, el PIB de Bangladesh depende en un 80% de las exportaciones textiles. “Aquí se expone el enorme desequilibrio de poder en el corazón de la industria de la moda”, añade Nova, quejándose de que cuando todo va bien, las empresas explotan estas economías para abaratar costes, pero que cuando todo va mal, los dejan a su suerte, dejando atrás un país quebrado, con una deuda de “cientos de millones de dólares”. Según la WRC, el gobierno ha pagado 425 millones de euros a las fábricas textiles, pero está claro que será insuficiente para que el país pueda recuperarse de este bache.

Campaña #PayUp

Ahora que el mercado textil vuelve a estar en marcha, las empresas necesitan más stock, así que están pidiendo a las fábricas reactivar la producción a unos niveles muy altos, que las actuales plantillas, recortadas, no pueden asumir. Así que, como siempre, quien lo paga son los trabajadores, que verán sus condiciones empeoradas por la explotación para llegar a los requerimientos que los empresarios locales han aceptado para sufragar pérdidas. Mientras tanto, diversas campañas de ONGs y observatorios están presionando a las empresas para que paguen lo que deben. Inditex, Nike, Adidas o Primark, por ejemplo, han cedido y se han comprometido a hacerlo. Walmart, Urban Outfitters, Topshop, C&A, Forever 21, entre otras (el portal Remake tiene la lista actualizada), todavía no se han pronunciado. Por si te ayuda a decidir dónde ir de compras.