"Me hacía conducir coches bomba y luego me violaba": una esclava del ISIS cuenta todas sus torturas

Es una de las 3.000 mujeres que fueron vendidas por el Estado Islámico. Las exponen como mercancía en Telegram y WhatsApp para encontrar posibles compradores

Virgen, hermosa, 12 años. Su precio es de 12.500 dólares y será vendida pronto”, avisa un anuncio encriptado de Telegram, acompañado de una foto de una joven maquillada y vestida con ropa elegante. Esta chica es una de las 3.000 mujeres y niñas que han sido vendidas por parte del Estado Islámico como si fueran un producto, junto a armamento, equipo militar y animales.

Es una joven yazidí, una minoría étnica que vive en los pocos territorios que el autoproclamado califato todavía controla (ya que ha sido expulsado de casi la totalidad del terreno que había ocupado aprovechándose de la guerra en la región). Esta minoría es perseguida por el ISIS por sus prácticas culturales y religiosas ancestrales. Viven en el norte de Irak, una región que fue arrasada por el ISIS en 2014, y cuyas mujeres e hijas fueron capturadas y retenidas desde entonces en condición de esclavas sexuales, según denuncia Lamiya Aji Bashar, una superviviente, a la agencia Associated Press.  

Lamiya Aji Bashar, de 18 años, intentó huir varias veces. “Es muy difícil”, asegura, “controlan todas las personas y todos los puntos de acceso y salida a sus territorios”. La cuarta fue la vencida y llegó a territorio de controlado por los kurdos-yazidíes, terreno seguro. Por desgracia, en su huida la acompañaban dos esclavas más (de 8 y 20 años) que murieron por una mina terrestre colocada por el ISIS en sus fronteras.

En una reunión con periodistas, Lamiya contó su experiencia: “mi primer ‘dueño’ fue un comandante del ISIS que me pegaba, violaba y mantenía enmanillada”. Después, fue regalada o vendida a otros yihadistas. Todos la violaron. “Sabía que tenía que escapar”, añade. Lo intentó varias veces, pero fue en vano. Siempre la descubrían y luego la violaban repetidamente, con mucha violencia, algunas veces la llegaron a mutilar, hasta tal punto que perdió un ojo.

Nadia Murad, activista yazidí contra la violencia sexual, ganó el Nobel de la Paz en 2018 por su labor humanitaria, denunciando casos como el de Lamiya Aji Bashar.

Por sus constantes intentos de huir la clasificaron como ‘rebelde’. Era un dolor de cabeza para los secuestradores, así que muchos se deshacían rápidamente de ella. Uno de los últimos hombres que la poseyó era un artificiero que la obligaba a vestir chalecos suicidas y a conducir coches bomba. Cuando “se cansó” de ella la entregó a un doctor de yihadistas que, a pesar de su profesión, también la violaba y la dejaba en condiciones infrahumanas. Fue entonces cuando huyó por cuarta y última vez.

No fue la única raptada entre sus familiares. Al contrario, toda su familia sufrió su mismo destino. Cinco hermanas y un hermano pudieron huir, pero sus padres murieron y su hermana pequeña sigue secuestrada. No sabe dónde está. Por eso, sigue de cerca la investigación sobre mercados de esclavas sexuales por Telegram y WhatsApp, esperando encontrarla.

En la reunión con AP, activistas yazidíes enseñaron el mercado online a los periodistas. “Un grupo con cientos de miembros, además de intentar vender la niña de 12 años, estaban vendiendo una madre con dos hijos de 3 años y 7 meses, con una puja inicial de 3.700 dólares”, relatan. Para rescatar estas esclavas del infierno del ISIS deben pagar muchísimo. Desde 800 a 15.000 dólares, cantidades que estas familias, empobrecidas por la guerra, no se pueden permitir.