Comprar productos orgánicos no está ayudando a salvar el planeta

Un estudio de la Universidad de Tecnología de Chalmers (Suecia) afirma que la agricultura ecológica respeta más el entorno natural cercano pero también produce un mayor impacto climático

Los productos ecológicos empezaron a invadir los supermercados hace unos cuantos años y hoy, según el informe de 2018 de Kantar Worldpanel, seis de cada diez hogares españoles compran algunos de estos productos teóricamente sostenibles. Y decimos teóricamente porque, como acaba de revelar un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Tecnología de Chalmers, en Suecia, y publicado en la prestigiosa revista científica Nature, la agricultura orgánica produce un mayor impacto climático que la agricultura convencional.

La explicación, según cuenta el coautor, Stefan Wirsenius, es que la agricultura orgánica necesita más terreno para producir la misma cantidad de alimento y ese “mayor uso del terreno conduce indirectamente a mayores emisiones de dióxido de carbono por culpa de la deforestación”. Así, “los guisantes orgánicos tienen un impacto climático un 50% mayor que los guisantes de cultivo convencional” y “con el trigo de invierno orgánico la diferencia se acerca al 70%”. La agricultura orgánica sería más saludable y respetuosa con su entorno, pero tendría mayores consecuencias climáticas.

Consumir éticamente, controlar todas los impactos que tiene un producto, resulta complejo. Por eso nos dejamos seducir por ideas extremas. El boicot al aceite de palma, por ejemplo, resultó ser contraproducente. Según un informe de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, los cultivos de aceite de palma producen entre cuatro y diez veces más cantidad que otros cultivos de aceite, y sustituirlo conllevaría más terreno, más deforestación y más violencia especista. Por eso Greenpeace promueve consumir aceite de palma certificado en lugar de promover el boicot absoluto.

Esto no quiere decir que mantenerse informado acerca del impacto que tiene nuestro consumo sea inservible. La mera intención de reducir nuestra huella sobre el medioambiente, el hábitat de otras especies y nuestra salud es un paso gigantesco que estamos dando como sociedad. Significa que, al menos de momento, las soluciones definitivas que nos permitan alimentar a tantísimos millones de personas sin provocar efectos negativos en algún ámbito son una utopía. Debemos elegir nuestra lucha y esperar que algún día todas ellas sean absolutamente compatibles o, mejor aún, innecesarias.