Tu ansia por comer Nutella podría estar contribuyendo a la explotación infantil

El gigante de la nutrición no estaría evitando adquirir avellanas de productores que emplean mano de obra infantil en Turquía

Probablemente no hay un momento que le dé más satisfacción a tu vida que llegar a casa después de pegarte un festival y comerte un buen trozo de pan untado de Nutella hasta la saturación. Un subidón de azúcar en el paladar que te retrotrae a tu infancia y satisface todas tus carencias instantáneamente. Pero mientras tú te llenas el estómago y te dejas envolver por las endorfinas, en la otra punta del Mediterráneo una familia de inmigrantes kurdos se deja la espalda cargando sacos de 35 kilos de avellanas en las montañas de Turquía. O al menos eso es lo que han denunciado desde un polémico reportaje de la BBC en el que apuntan a la marca estrella de la firma italiana Ferrero como promotora y beneficiaria del trabajo infantil.

Nutella vende cada año 365.000 toneladas de su deliciosa crema de cacao y avellanas para untar en el mundo. Para ser capaces de alcanzar esta producción, Ferrero compra gran parte de la producción de avellanas de Turquía, el país que produce el 75% de las avellanas a nivel global. Y, sabiendo que el país no es precisamente un paraíso de los derechos laborales, el resultado es inevitable. “Cuando hablamos de avellanas, para mí significa miseria y trabajo duro”, afirmaba a la BBC, Mehmet Kmelekci, un padre de familia kurdo que recoge avellanas durante 10 horas al día junto a su esposa e hijos. Mustafa y Mohamed tienen 12 y 10 años cada uno a pesar de que la edad mínima para trabajar en el país es de 13 años a tiempo parcial y 15 a jornada completa.

Tampoco los salarios tienen nada que ver con las leyes turcas. Al final de la jornada lo que cae en las manos de esta familia, después de pagar manutención y la comisión del contratista que les trajo del este del país, es apenas ocho dólares por cabeza, es decir, aunque trabajen 50 horas semanales todos los días del mes les resulta imposible llegar al salario mínimo del país (353 dólares al mes). "Hacen que los niños trabajen como máquinas. Piensan: ¿cuántos niños, cuántos beneficios?”, explica a la BBC el turco Kazim Yaman, dueño de una de las huertas donde trabajan los jornaleros turcos que, sin embargo, se muestra abiertamente en contra de la explotación infantil.

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Pero la explotación de los menores está tan extendida entre los propios jornaleros (y, por supuesto, fomentada por los contratistas que les fuerzan a explotar a sus familias para asegurarse una cantidad decente de ingresos) que aunque gente como Yaman se opongan al trabajo de los menores no hay cómo evitarlo. Las familias simplemente necesitan el dinero. "Intento no hacerles trabajar (a los niños), pero entonces dicen que se van. Los padres quieren que sus hijos trabajen y que se les pague. Es una cadena que debe romperse", se lamenta el agricultor que, como suele ocurrir con los dueños de las 400.000 huertas de avellanas del país, ignora el destino final de su producción.

Mientras tanto, la compañía italiana se ha comprometido en velar por el origen del 100% de sus avellanas en 2020 cuando en la actualidad apenas lo hace por el 39%. En este sentido, el intermediario Osman Cakmak lamenta la falta de supervisión del Estado turco para evitar la explotación infantil en el comercio de avellana y exige a Ferror que tome medidas sobre el terreno para evitar adquirir avellanas procedentes de explotaciones en las que trabajen los menores: “si Ferrero no tiene sus propios proyectos en la granja, no se puede saber de qué productor vienen”.

El tema es que sí tienen esos proyectos solo que únicamente abarcan a 42.000 agricultores de los 400.000 que suministran avellanas en todo el país. De hecho, desde Ferrero se presume que son una de las marcas que más en serio se toman las prácticas sociales en su producción. “Ferrero promueve el respeto de los derechos humanos y no tolera el trabajo infantil ni ninguna forma de esclavitud como se establece en su Código de Conducta Comercial. Estamos decididos a prevenir y eliminar el trabajo infantil a lo largo de nuestras cadenas de suministro,con la convicción de que cada niño debe estar protegido, por todos los medios posibles, de cualquier forma de explotación", afirman en un comunicado a raíz del artículo de la BBC en el que insisten en que "combatir el trabajo infantil con un enfoque de múltiples partes interesadas que involucra una combinación de diferentes medidas".

¿Qué hacer entonces con un país en el que todos parecen lavarse las manos y con una multinacional que se niega a asumir sus responsabilidades? La respuesta a la pregunta es más fácil de lo que parece: consumo responsable. El consumidor siempre tiene la última palabra y la información es poder. Si a partir de ahora tus ansias por Nutella fueran inferiores a tu propio sentido de responsabilidad, el problema se atajaría antes de lo que puedas imaginar. Solo si exigimos cambios estos se producirán. Tú decides.