Tailandia rebaja la duración de las visitas al país para combatir el turismo gamberro

“Los extranjeros no pueden cometer actos ilegales, intimidar a la población ni comportarse de forma que atente contra la moral, la cultura o las tradiciones de Tailandia”

Tailandia recibe anualmente unos 40 millones de turistas. Unos números que lo convierten en uno de los países más visitados del planeta. Y esto aporta mucho al país: el sector turístico proporciona el 20% del PIB total y da trabajo a muchísimas familias tailandesas. El problema es que, como ocurre con tantos otros rincones híper turísticos, también están sufriendo las consecuencias de la masificación. Por un lado, la pérdida de identidad cultural. Por otro, la entrada de turistas cafres y de delincuentes. De ahí la decisión del gobierno nacional de rebajar la duración de las visitas turísticas.

Una respuesta política a un hartazgo ciudadano. Porque, como cuenta la periodista Natasha May, cada vez son más los tailandeses descontentos con los visitantes maleducados: “turistas que se niegan a pagar la cuenta en los restaurantes, vídeos virales de personas bebiendo y peleándose en las calles o extranjeros deportados por haber mantenido relaciones sexuales en tuctuc”. Son solo algunos ejemplos de una lista de groserías que los tailandeses, al parecer muy educados y pacientes, han estado tolerando durante años y años, pero que han terminado por quebrar su cordialidad y silencio.

En palabras del secretario permanente del Ministerio del Interior, Arsit Sampantharat, “cada vez hay más tailandeses descontentos que empiezan a darse cuenta ahora de que este tipo de comportamiento no es el que queremos. Esto hace daño a quienes viven aquí. Los extranjeros que entran a Tailandia no pueden actuar como figuras influyentes, cometer actos ilegales, intimidar a la población ni comportarse de forma que atente contra la moral, la cultura o las tradiciones de Tailandia”. ¿Servirá de algo que los turistas dispongan de menos tiempo de visita? Lo veremos en los próximos meses.

En cualquier caso, el Gobierno tailandés tiene otro objetivo con esta medida: evitar que ciertas mafias usen el país como base para cometer delitos transnacionales graves. Según la propia May, “en los últimos años, el sudeste asiático se ha convertido en un centro neurálgico para redes de estafa y organizaciones que transportan por su territorio a víctimas de trata de personas hasta países como Myanmar”. En ese sentido, reducir las estancias puede dificultar este tipo de operaciones y ayudar a las autoridades a preservar la seguridad nacional. Turismo sí, pero para el bien de los tailandeses.