Las dificultades de las mujeres migrantes para acceder al mercado laboral español, y sobre todo para optar a puestos cualificados, conduce a muchas de ellas a entrar en el sector de los cuidados domésticos. Y, desgraciadamente, parece ser un entorno lleno de discriminación: según el informe Expresiones de racismo y violencia contra las trabajadoras del hogar y de cuidados en el Estado español, llevado a cabo por SOS Racismo, el 50,5% de ellas reconoce haber sufrido en algún momento algún tipo de discriminación racial como comentarios despectivos, burlas, insultos, agresiones verbales, humillaciones, desgaste emocional, abusos e incluso violencia física.
Además, el informe recoge también que el 15,4% de estas trabajadoras ha presenciado comportamientos racistas contra alguna compañera y que el 85% de los responsables de intermediación laboral tiene conocimiento de incidentes racistas, ya sea por los relatos de terceros (50,4%) o por haberlos presenciado directamente (34,2%). Todo esto muestra que el racismo que experimentan estas trabajadoras no es anecdótico ni mucho menos: es parte de su día a día, a veces de formas que impactan severamente en su salud mental. “Me decía que era una negra. Cosas horribles. No lloraba en su cara, pero me iba a mi cuarto y me ponía a llorar”. Es el testimonio de una víctima.
Pero no solo están expuestas a tal cantidad de violencia: también lo están a la violencia sexual, ya que algunos hombres se aprovechan de la situación de vulnerabilidad que viven para acosarlas. Algo que, ha dejado claro SOS Racismo, “deja secuelas profundas: insomnio, miedo constante, ansiedad prolongada, pesadillas, caída del cabello y desconfianza hacia potenciales empleadores”. A veces, cuando ya no pueden más, cuando el miedo o el hartazgo son insoportables, dimiten, pero nuestra sociedad no les ofrece muchas alternativas de empleo más allá del cuidado del hogar o de las personas en situación de dependencia. Muchas regresan al sector. Se enfrentan de nuevo a ello.
Por eso es importante buscar soluciones que no sean simplemente parches. Sí, es urgente poner en marcha soluciones y mecanismos que acompañen a estas empleadas y les permita denunciar sin sentirse desprotegidas, pero también lo es trabajar en darles otras oportunidades de supervivencia que vayan más allá del cuidado doméstico. Tendríamos que mirar más allá de lo inmediato. España necesita de la inmigración para crecer, por mucho discurso antiinmigración que pulule últimamente por ahí, pero la inmigración necesita de un país ético que sepa cuidarla. Un país que no tolere que se le falte el respeto o se le guetifique en un solo sector profesional.
