Cómo es un día en la vida de una persona con depresión

La alarma del móvil grita y hace temblar la mesilla. Abres un ojo a la vez que te haces una bola. Con todo el esfuerzo del mundo, estiras el brazo y agarras el móvil. Escoges la opción ‘Repetir’. Todas las noches te dices que al día siguiente te levantarás en cuanto suene la alarma pero todas las mañanas vuelves a decepcionarte. Te convences de que mereces esos cinco minutos (y esos cinco, y los cinco siguientes) porque llevas acumuladas semanas de insomnio y nadie podría abandonar la cama a la primera durmiendo tan poco y, sobre todo, tan mal.

Pero es como si la parte de tu cabeza que argumenta todo eso convenciera a tu cuerpo pero no a la otra mitad de tu cabeza. Esa otra mitad que no hace más que gritar "¡Levántate! ¡Demuéstrate que puedes! ¡Arriba!" y que, al verse ignorada, empieza a convertir sus arengas en sentencias: "No vas a salir nunca de esta porque no tienes el valor. No eres capaz ni de levantarte de la cama. No puedes ser más inútil, joder". Después de una o dos horas de una lucha que, como es contigo, siempre acabas perdiendo, tienes que levantarte por fin a pesar de la tristeza y el cansancio. Llevas mucho tiempo sintiendo únicamente eso: tristeza y cansancio.

Las alteraciones del patrón de sueño son uno de los síntomas frecuentes que sufren las personas con depresión, un trastorno del estado de ánimo que se caracteriza por sentimientos de tristeza, inutilidad, tristeza y melancolía extrema. Sin embargo, el psicólogo y terapeuta, Raúl Pérez, advierte de que "hay tantas depresiones como pacientes y que los síntomas pueden presentarse de muchas maneras".

Causas de la depresión

No existe certeza respecto al origen de la depresión. Hay quienes creen que sucede cuando los niveles de serotonina en el cerebro no son los adecuados y, por lo tanto, la solución al problema sería farmacológico. Sin embargo, Raúl Pérez sostiene que la depresión es reactiva y que, por lo general, acaece cuando se ha sufrido una ansiedad mantenida durante mucho tiempo. "Vivimos en un mundo donde solemos tener que hacer cosas que no queremos hacer y no hacemos cosas que querríamos hacer; el cuerpo vive esto como una amenaza y aumenta sus recursos hasta que ya no puede más y se queda sin fuerzas. Y, como no se tienen fuerzas, vienen los sentimientos de inutilidad", advierte el psicólogo.

Tristeza y desesperanza

Tienes claro que estás triste. No se trata de ese bajón después de una mala noticia ni esa sensación de resaca cuando la rutina te agarra durante demasiado tiempo. No. Es una tristeza tan honda que te absorbe las fuerzas y el mero hecho de hacer las tareas cotidianas supone un esfuerzo insoportable. Y vas perdiendo terreno porque, como todo cuesta, cada vez haces menos. Ya no te apetece salir ni dedicarte a tus hobbies ni ver a nadie. Total, ¿para qué, si estás que das asco? ¿Para qué, si todo lo que te gustaba ahora supone un esfuerzo? Es una tristeza que se parece mucho a pasar de todo.

Y es que la depresión supone "romper lazos con el mundo", explica el psicólogo. Todo duele, así que te aíslas. No quieres estar siempre triste, siempre sin ganas, siempre sintiendo que cada paso que das es un fracaso, que cada interacción con los demás es una herida. Prefieres encerrarte y que te olviden. Es una especie de suicidio en vida.

Un problema mundial

La gravedad de la depresión reside en tres factores: el primero es que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), es la principal causa de incapacidad mundial; el segundo, que afecta a más de 300 millones de personas en el mundo y aumenta a un ritmo alarmante (ha subido un 18% en una sola década); el tercero es que puede llevar al suicidio y, por lo tanto, se le puede considerar una enfermedad mortal.  

 El suicidio es la manera definitiva de romper lazos con el mundo. Es la forma más eficaz de escapar de una vida que no gusta o no se tolera más. Por eso, es importante buscar soluciones antes de llegar a ese punto. Raúl Pérez recomienda que se hable con naturalidad sobre el suicidio porque, "a pesar de que sea un tabú en nuestra sociedad, puede ayudar a prevenirlo". No es para menos si se piensa que, en España, el suicidio es la primera causa de muerte no natural con más de 3.600 fallecidos al año, es decir, una media de 10 suicidios al día en nuestro país.

Cómo combatir la depresión

Raúl Pérez recomienda que, en caso de sufrir depresión o de estar cerca de alguien deprimido, es importante realizar cambios en la vida y que no existan expectativas al respecto. Es decir, cuando la vida resulta intolerable, cualquier cambio en ella va a ser bueno, pero no debemos esperar que ese cambio sea una solución mágica. Únicamente, un cambio. Es fundamental no presionar a la persona deprimida, ya seas tú o sea otro. Que vaya realizando cambios a su ritmo. También aconseja realizar deporte, salir fuera, intentar reconstruir esos lazos con el mundo que se han ido cortando. Y, si nada de esto funciona, por supuesto, acudir a un profesional.

El psiquiatra austríaco y autor del libro El hombre en busca de sentido, Viktor Frankl, solía preguntar a sus pacientes "¿por qué no te has suicidado?". Esto, lejos de ser una invitación a hacerlo, era una manera de demostrar a las personas deprimidas que, en realidad, seguían teniendo fuerzas y ganas de vivir. Habían tenido fuerzas para ir hasta la consulta. Y eso genera esperanza. Si tienes fuerzas para darte cuenta de que no quieres estar así, existe algo sobre lo que construir. Una persona deprimida suele sentir que no tiene fuerzas para nada. Sin embargo, su entorno debería darse cuenta de que, en realidad, son fortísimas: hay que ser muy valiente para salir al mundo cuando lo único que quieres es meterte debajo de la manta y desaparecer.