La Santa Sede introducirá el delito de abuso espiritual en su constitución

“Las víctimas existen, y cada vez son más reconocidas por las instancias eclesiásticas”

El Código de Derecho Canónico es el documento que regula el gobierno de la Iglesia católica en todo el mundo. Algo así como su constitución. Y, según un informe interno de la institución, titulado Propuestas de modificación de los cánones relativos al Gobierno eclesiástico, a la participación de los fieles y la rendición de cuentas, necesita cambios inmediatos para adaptarse a los nuevos tiempos. Uno de los más importantes trata sobre la incorporación como delito canónico del abuso espiritual, muy en el foco mediático estos últimos años tras los casos del ex jesuita Rupnik, de las Hijas del Amor Misericordioso o del Instituto del Verbo Encarnado. ¿Pero en qué consiste exactamente?

Pues, como señala el periodista Jesús Bastante, especializado en información religiosa, el abuso espiritual “trata del uso de la religión, las creencias o las prácticas espirituales para manipular, controlar, aislar o dañar a una persona”. Y sí, suele ser el preludio de otros delitos ya incluidos en el Código de Derecho Canónico como el abuso sexual, pero lo que busca ahora la Iglesia es que sea condenable en sí mismo. Porque “las víctimas existen, y cada vez son más reconocidas por las instancias eclesiásticas”. En una institución tan jerarquizada como la Iglesia católica, en la que se dan relaciones de poder constantemente, la manipulación espiritual es un problema potencial que deben atajar.

Pero no es el único cambio que propone este informe. De hecho, hay otro bastante importante: la revisión integral de la legislación eclesiástica para reforzar el liderazgo de las mujeres y de las personas laicas en los órganos de gobierno de la Iglesia. Y es que esto ya viene pasando en la práctica. Desde que el difunto Papa Francisco nombrara a la religiosa Simona Brambilla como prefecta de la Vida Consagrada, cargo que implica autoridad sobre todos los monjes y monjas del mundo, mujeres y laicos se han ido haciendo un hueco entre los cargos ejecutivos de la Iglesia. Algo que no gusta a todos los sectores políticos de la institución. De ahí la necesidad de blindarlo legislativamente.

Además de Brambilla, tenemos los casos recientes de “Paolo Ruffini como primer laico al frente del dicasterio de la Comunicación, Raffaela Petrini como alcaldesa de la Ciudad del Vaticano y Alessandra Smerillo como ‘ministra’ de la Solidaridad del Vaticano”. Además, apunta el propio Bastante, la periodista laica Montse Alvarado se convertirá pronto en la nueva responsable de la comunicación vaticana y Mary Teresa Barron en la directora mundial de las Obras Misiones Pontificias. ¿Queda mucho por hacer para que la Iglesia católica sea igualitaria? Muchísimo. Un mundo. Pero lo que pretende ahora la Santa Sede es, al menos, un pequeño paso en la dirección correcta.