5 jóvenes cabreados cuentan los sacrificios que tuvieron que hacer para sacarse su máster

Las revelaciones sobre la 'facilidad' con la que Cristina Cifuentes o Pablo Casado consiguieron sus másters en la URJC ha indignado a muchos 

Pagar tres meses más tarde o que te convaliden 18 de las 22 asignaturas son solo algunos de los tratos de favor que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, y el portavoz del Partido Popular, Pablo Casado, han reconocido que recibieron para sacarse sendos másters en la Universidad Rey Juan Carlos (URJC). Unas condiciones muy distintas a las que tienen la mayoría de jóvenes estudiantes, que deben hacer una infinidad de trabajos y exámenes, asistir a clase –si es presencial–, presentar y defender el trabajo de final de máster (TFM), ingeniárselas para pagar los miles de euros que cuesta y, en algunos casos, trabajar para mantenerse. Todo ello teniendo en cuenta que, como todas las personas, también necesitan algo de tiempo para su vida personal. Vaya, que necesitan vivir.

Meri Saperas, 25 años

Mientras Meri cursaba el Máster en Márketing Digital y Comercio Electrónico de EAE Bussiness School de Barcelona, trabajaba a jornada completa como dependienta en una tienda. Estaba ocupada todo el día, por lo que decidió hacerlo a distancia. Pero eso no evitó que siempre sintiera que el tiempo se le escapaba entre los dedos. Así que, su único opción de casi cada día al terminar de trabajar, era tirarse hasta siete horas empollando en la biblioteca o hasta que su cabeza dijera basta.

"Trabajar y estudiar al mismo tiempo es muy duro y muy estresante. Pero no puedes dejar nada, las dos cosas son necesarias para el futuro", dice Meri al recordar una época  en la que suspendió algunos trabajos que después tuvo que repetir a causa de la escasez de tiempo y del agotamiento que le acompañaba a diario. Pos eso llegó incluso a tomarse pastillas para la concentración y, afortunadamente, su esfuerzo valió la pena: acabó llevándose ese titulo a casa.

Pablo, 26 años.

Trabajar en Segovia como fisioterapeuta y cursar un Máster en Evaluación y Tratamiento del Sistema Fácil en Madrid, no es nada fácil para Pablo. ¿La razón? Su familia, su novia y sus amigos están en la capital y no les ve tanto como le gustaría. "No tengo miedo de suspender porque, si me pongo lo consigo, pero tengo otros miedos, como que mi novia me envíe a la mierda. Aunque, en realidad, siempre ha tenido mucha paciencia", explica el joven.

Es evidente que Pablo tiene que soportar muchas cosas para seguir estudiando, pero, por el momento, no puede hacer nada para cambiar la situación. "Son muchos miles de euros que tengo que pagar, por lo que no me queda otra que seguir trabajando con el agua hasta el cuello", cuenta Pablo que, al vivir una situación que requiere más que esfuerzo, no puede evitar sentir que el caso de la presidenta de la Comunidad de Madrid es una injusticia: "Cifuentes, a currárselo como todo el mundo".

Carlota García, 27 años

Cuando Carlota hizo el Máster de Reporterismo Avanzado en la Facultad de Comunicación Blanquerna de Barcelona, iba a clase por la tarde y hacía prácticas por la mañana. No cobraba ni un euro, pero era un requisito esencial para que, al terminar el curso, le dieran el título. Así que entre las prácticas, las horas que pasaba haciendo los trabajos del máster y los reportajes que hacía los fines de semana como freelance para una revista online –el único modo de empezar a asomar la cabeza en el mundillo–, no tenía tiempo para ganarse la vida ni para buscar un trabajo de lo suyo, de periodista.

Tenía 23 años y le sobraban las ganas de marcharse de casa de su padre para, por fin, empezar a vivir su vida. Pero no fue posible. "Tuve que hipotecar mi vida durante los nueve meses que duró el máster sin ni siquiera saber si al terminar encontraría trabajo", cuenta Carlota al hablar de un esfuerzo que, con el tiempo, le llevó a trabajar como redactora en una revista. Así que ahora puede decir que, por mucho que no tenía todas las garantías, al final sus sacrificios tuvieron la recompensa esperada.

Anna Blasco, 26 años

Al empezar el pasado octubre el Máster de Dirección de Centros de Servicios Sociales en la Universidad Miguel Cervantes de Madrid, Anna no imaginaba que tendría que currárselo tanto. Cada mes tenía un examen en el que entraba todo un tema, algunos “demasiado extensos”, y eso le hizo pensar que quizás no podría con ello. "Al principio me agobié porque no podía aprendérmelo todo en un solo mes al mismo tiempo que trabajaba", cuenta Anna sobre una realidad que acabó superando al dejar de hacer ciertos planes y al levantarse regularmente a las seis de la mañana antes de ir a trabajar.

Hace una semana se marchó a vivir con su novio a Chile y aún tiene que entregar el TFM. No sabe como lo hará porque tiene que encontrar otro trabajo para subsistir, buscar un lugar al que llamar hogar y construir las bases de su nueva vida, pero sabe que lo conseguirá porque se trata de su futuro. Como ella misma dice, "no queda otra".

Margarita Morales, 32 años

Para pagar los más de 10.000 euros del Máster de periodismo de El País y la Universidad Autónoma de Madrid y sobrevivir los dos años que dura en la capital, Margarita tuvo que poner toda la creatividad de que disponía y rezarle a todos los santos que sabía. En primer lugar se pasó semanas de banco en banco pidiendo créditos cuando prácticamente ninguno los concedía. "Alguno incluso se llegó a reír de mí cuando decía que quería pedir un crédito y que no tenía ninguna propiedad inmobiliaria con que avalarlo", recuerda Margarita que es de origen humilde y sus padres vivían de alquiler en Valencia

Por otro lado tenía que encontrar una manera de pagar alquiler, comida y transporte en Madrid durante el máster. El primer año lo consiguió gracias a la prestación por desempleo a la que tenía derecho por el tiempo que había trabajado anteriormente. El segundo año se hizo más cuesta arriba ya que sobrevivía con los 700 euros que percibía por las prácticas obligatorias que realizaba en el diario El País, de los que tenía que pagar 200 euros para amortizar el crédito con el que había pagado el máster. "Cuando empezaron las clases todavía no sabía si me habían concedido el crédito, así que me pasé la primera semana temblando por si me tenía que volver a mi casa", cuenta la periodista que ahora ve como Cristina Cifuentes, Pablo Casado, y los otros que todavía no hayan salido a la luz, reciben títulos sin el más mínimo esfuerzo.