La paradoja española: un mercado laboral exultante que no da para vivir bien

Los salarios han perdido siete puntos de poder adquisitivo desde el inicio de la pandemia a causa de la inflación

Los datos de la última Encuesta de Población Activa son estupendísimos: tras 18 años España ha vuelto a tener una tasa de desempleo inferior al 10%, el número de personas trabajando es el más alto de la historia y el ritmo de creación anual de puestos de trabajo es tan alto que somos líderes indiscutibles de la eurozona. Y, a diferencia de lo que ha ocurrido en otros momentos de nuestra historia reciente, esta vez no hay trampa ni cartón: este último año ha disminuido mucho la temporalidad y, en menor medida, la parcialidad, como apuntan las periodistas Laura Olías y Yuly Jara. Es decir, que las oportunidades del mercado laboral nacional son menos precarias.

Es para celebrarlo. Sobre todo porque hay muchas otras buenas noticias extraídas de la EPA que invitan a ello. Como ese dato de que “si se mira el auge de la población activa en 2025 por ocupaciones, destaca gran incremento de la actividad en sectores cualificados, como los técnicos y profesionales científicos e intelectuales”. Es decir, que el crecimiento de la economía no se está sustentando básicamente en la creación de puestos de trabajo de sectores mal pagados, algo que contradice parte de las expectativas que se tenían hace bien poco. Están apareciendo trabajos en todos los sectores y eso es genial. Con independencia de los colores políticos de cada uno.

Y espera porque hay más. Según esta última EPA, la tendencia del mercado laboral español actual es la de corregir poco a poco el desequilibrio entre hombres y mujeres. En palabras de Olías y Jara, “aunque el empleo aumentó tanto en los hombres como en las mujeres, el número de trabajadoras ascendió con más intensidad”. Ahora mismo el equilibrio es 10,46 millones de trabajadoras ocupadas por algo más de 12 millones de trabajadores ocupados. Queda por hacer, pero vamos en la dirección correcta. Además, en 2025 también hubo máximos históricos de población extranjera trabajando, lo que implica que se trata de una inmigración que aporta a nuestro país.

Todo precioso, ¿verdad? En principio sí. El mercado laboral español ya no es la vergüenza que solía ser. No al menos en unos cuantos parámetros. Y, de nuevo, da igual a qué partido apoyes o quién creas que es responsable de estas mejoras, porque lo importante es que están ahí. Es mérito del país en su conjunto. El problema es que, como revela el Instituto Nacional de Estadística, los salarios han perdido siete puntos de poder adquisitivo desde el inicio de la pandemia a causa de la inflación de bienes imprescindibles y, además, la burbuja de la vivienda hace que haya cada vez más gente trabajando, sí, pero sin poder prosperar de verdad. Esa es nuestra paradoja: si no hacen cosas para garantizar el derecho a una vivienda accesible todo lo demás queda tristemente en la sombra.

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