Confirmado: las redes sociales aumentan el contagio del body shaming
El 54,9% de los casos de discriminación y agresión entre menores en nuestro país contiene body shaming, según dicen las investigadoras Beatriz Feijoo, Arantxa Vizcaíno-Verdú y Patricia Lafuente en un artículo publicado en la revista Telos y en el que profundizan en los factores que más influyen en el contagio de este tipo de agresiones. Y sí, como ya habrás imaginado, las redes sociales constituyen uno de esos factores, pero no de la forma en la que estás pensando: la gente joven que pasa mucho tiempo en estas plataformas no tiene más probabilidades de ejercer body shaming simplemente por imitación, sino por otra serie de fenómenos menos obvios.
En palabras de estas expertas, “ver este tipo de contenidos no implica automáticamente comportarse igual. Lo que sí les empuja a reproducir el body shaming son factores emocionales como haber tenido experiencias negativas previas o vivir con miedo a ser criticados o ridiculizados”. Esas son las dos circunstancias que más hacen que una persona caiga en este tipo de comportamientos discriminatorios. Al menos entre los adolescentes. Pero este body shaming digital no siempre adopta una forma hiperagresiva y directa. A veces consiste en compartir contenido de este rollo, en darle like o en reaccionar de alguna manera que no lo condena para nada.
“Un me gusta, un meme reenviado a un grupo privado o perfil público o una reacción cómplice. Interacciones mínimas, casi invisibles, que no suelen percibirse como problemáticas, pero que, con el tiempo, contribuyen a que las burlas corporales se perciban como algo natural y aceptable”. Es lo que Feijoo, Vizcaíno-Verdú y Lafuente califican como una participación de baja intensidad en el body shaming. Y obviamente es algo menos dañino que el body shaming directo, pero este no podría sostenerse sin todas esas microparticipaciones aparentemente no tan negativas. Son estas las que crean el entorno ideal para que se den las más devastadoras.
Teniendo en cuenta que estas participaciones no tienen que ver con la imitación, sino con el haber sufrido previamente el body shaming o temer sufrirlo, está claro que el camino para erradicar esta forma de discriminación tan lamentable es la educación en la diversidad física y el apoyo emocional para quienes han sido víctimas de ella, de manera que no se conviertan más adelante en aliados pasivos de lo mismo que padecieron. Además, las plataformas digitales deberían tener responsabilidad en la gestión de las publicaciones y contenidos que incurren en el body shaming. Es lo que Pedro Sánchez y su ejecutivo quieren implantar con su sistema HODIO.