Más danas y huracanes: las consecuencias de la tropicalización del Mediterráneo
Cualquiera que viva en la cuenca del Mediterráneo se habrá dado cuenta de que la fórmula de las estaciones del año ha cambiado definitivamente: los inviernos y los otoños son ahora muy cortos, la primavera llega antes de lo habitual y el verano dura tanto que no merece la pena guardar los tops de tirantes. No es casualidad. Como explica el catedrático de Geografía Física de la Universitat de Barcelona, Javier Martín, “durante las últimas décadas, los climas mediterráneos de España y, en conjunto, de la cuenca del Mediterráneo, han comenzado a presentar signos de tropicalización, entendida como un proceso de transición o semejanza progresiva a los climas tropicales”.
¿En qué se basan expertos como él para decir eso? Para empezar, está el incremento significativo de la temperatura de las aguas someras. Para que te hagas una idea del alcance del fenómeno, “los valores medidos en los últimos años en las aguas de la cuenca mediterránea occidental han llegado a superar los 30º C algunos días de los últimos veranos al sur de Mallorca, habiendo sido similares, e incluso superiores, a las del Caribe y el golfo de México”. No es para nada una mera sensación térmica. El propio mar está cambiando como consecuencia del cambio climático. Y, sí, esto tiene a su vez consecuencias en la aparición de fenómenos meteorológicos extremos.
Como los huracanes. Y es que, escribe Martín, “se considera que la temperatura superficial mínima que ha de tener un océano para la aparición de un huracán es 26,5º C, un valor claramente superado en verano en amplias extensiones del mar Mediterráneo”, ya que “el abundante vapor de agua y el calor latente que conlleva es el combustible de intensos procesos convectivos”. De momento no lo hemos sufrido. Pero sí hemos sufrido otro fenómeno meteorológico extremo en la región: las lluvias torrenciales. Algo típico en climas tropicales: “lluvias más irregulares, con largos períodos secos salpicados por precipitaciones compulsivas”. Como la que tuvo lugar en la DANA.
Si lo piensas, es el tipo de clima que te imaginas cuando vas de vacaciones a países tropicales tipo Vietnam, Tailandia o Costa Rica: un cielo despejado con mucho calor y, un instante después, un diluvio de esos en los que parece que se va a acabar el mundo. Y esto obviamente complica las predicciones de los servicios meteorológicos y de los servicios de emergencia. En palabras del catedrático, “deberán actualizar sus procedimientos, atender muy especialmente a escalas espaciales intermedias y locales y afinar los modelos para que puedan captar el plus energético derivado del calor almacenado en superficie en las aguas mediterráneas”. Debemos estar preparados.