Nueva tragedia en una mina de coltán en Congo: al menos 300 muertos tras un deslizamiento de tierra

Esta catástrofe humana llega apenas días después de que otro alud muy similar dejara más de 200 fallecidos en otra mina de la misma región

El pasado sábado, como consecuencia de las lluvias torrenciales que cayeron sobre la explotación minera de Gakombe, en el noreste de la República Democrática del Congo, al menos 300 personas perdieron la vida tras un deslizamiento de tierra masivo que afectó no solo a los mineros, sino también a las familias asentadas en los alrededores. En palabras de Telesphore Nitendike, coordinador de la sociedad civil de Masisi, la región en la que se ubica esta mina de coltán, “más de 40 familias fueron arrastradas. Es trágico lo ocurrido. Sobre todo porque las labores de rescate no fueron organizadas por especialistas”. Fue la propia población civil quien tuvo que lidiar con la tragedia.

¿Pero por qué? Pues porque, al parecer, y según criticó el propio Nitendike en declaraciones públicas, en esa zona minera impera el caos debido al control del grupo rebelde Movimiento 23 de Marzo (M23). El Gobierno congoleño ya detectó múltiples riesgos en la zona de extracción de coltán y prohibió cualquier tipo de actividad minera allí, pero el M23, quien necesita dinero para mantener sus actividades paramilitares, habría montado allí “un sistema organización de saqueo y explotación ilegal”, según ha manifestado el propio ejecutivo del país. Sea como sea, y políticas internas aparte, son los ciudadanos de la región quienes sufren las consecuencias de esos peligros.

Y no solo en esta ocasión: esta última tragedia llega apenas días después de que otro alud muy similar dejara más de 200 fallecidos en otra mina de la misma región. Entre ellos aproximadamente 70 niños. Y un mes antes, el 28 de enero, se produjo también ahí otro derrumbe provocado por la lluvia que le costó la vida a alrededor de 460 personas. No es un hecho aislado lo que ocurrió este pasado sábado. No es una negligencia puntual. No es un drama excepcional que haga pensar que no volverá a ocurrir. Es la consecuencia de una situación de altísimo riesgo a la que siguen exponiéndose los congoleños por pura necesidad o por la coacción de los grupos paramilitares.

Algo que debería hacernos reflexionar. Porque el coltán no es un mineral cualquiera: le llaman oro negro de la tecnología porque es imprescindible para la fabricación de condensadores de tántalo, cuyas propiedades los hacen determinantes para la fabricación de smartphones, tablets, portátiles, turbinas de aviones o sistemas de guiado de misiles militares. Las sociedades de todo el mundo lo ansían y necesitan. Y de ello se aprovechan los grupos armados en Congo, pues allí se encuentra entre el 60 y el 80% de las reservas mundiales de coltán. En este sentido, tanto las empresas fabricantes como los consumidores tenemos gran responsabilidad en todo esto.

No es solo un problema interno del Congo. Cada tragedia en sus minas es una vergüenza global de la que todos formamos parte.

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